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Capítulo 725:
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Enmascarada y envuelta en un sombrero de ala ancha, era una visión de amenaza calculada. Solo se veían sus ojos penetrantes, que transmitían una promesa fría y letal.
La respuesta de Allison fue tranquila, su tono agudo como el acero. «No importa quién soy. Lo que realmente importa es que te vayas ahora mismo o te obligaré a hacerlo».
Sus palabras atravesaron el silencio como una cuchilla, provocando un escalofrío colectivo en el grupo.
Estaba claro que Allison no era una mujer corriente, probablemente tan peligrosa como lo había sido Verruckt hacía unos momentos, si no más.
«¿Eres subordinada de Verruckt?», se aventuró a preguntar uno de ellos, con un tono de voz lleno de incertidumbre.
«Parece que solo es una mujer», murmuró otro, con un tono de voz que ganaba confianza.
«Vamos, es solo una mujer. Tenemos ventaja numérica, así que, ¿qué hay que temer?».
Las palabras parecieron inyectar una falsa bravuconería en el grupo. Alimentados por la adrenalina y sus propios delirios, varios de ellos se acercaron a Allison, con ojos amenazantes.
«¡No importa quién seas o de dónde seas, no saldrás de aquí con vida!».
Con un grito gutural, se abalanzaron sobre ella.
Pero Allison no era una Verruckt debilitada. El breve respiro le había permitido reunir fuerzas, y ahora era una tormenta de precisión y furia.
Los dos atacantes más cercanos apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que los derribara con despiadada eficacia.
Cuando uno de ellos intentó acercársele sigilosamente, los instintos de Allison se activaron como un resorte enroscado. Se dio la vuelta a la velocidad del rayo, y su pierna se estiró en un arco brutal. La fuerza de su patada, impulsada por su cintura y sus piernas, destrozó su columna vertebral con un crujido repugnante.
Se derrumbó en el suelo, sin vida, con los ojos muy abiertos en una última mirada fija e inexpresiva.
La brutalidad de sus acciones dejó a los demás paralizados por el terror.
«Espera, eres una asesina, ¿verdad?», tartamudeó el hombre del traje, con la voz temblorosa. «¿Quién te ha enviado?».
La fría mirada de Allison se clavó en él mientras levantaba su arma sin dudarlo. «Obtendrás tus respuestas en el infierno», dijo.
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!
El ensordecedor estruendo de los disparos rompió el silencio, sumiendo a los miembros de la mafia en un frenesí caótico.
Allison mantuvo la calma, sus agudos ojos recorrieron la escena. Solo quedaban cuatro en pie. Sabía que dejar escapar a cualquiera de ellos solo provocaría más problemas. Centró su atención en su líder. Eliminarlo primero garantizaría que el resto se derrumbara.
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