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Capítulo 563:
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«Pase lo que pase, se pasará», dijo, ofreciéndole un cigarrillo. Su voz, baja y uniforme, tenía un toque de frialdad y tranquilidad.
«Solo podemos aprovechar al máximo los momentos que tenemos», añadió, mientras sus ojos seguían el perfil de ella.
Bajo la luz de la luna, ella parecía impactante pero inalcanzable, como una estrella lejana; su belleza solo era comparable a su lejanía.
«Lo sé», respondió Allison, cogiendo el cigarrillo de él. Comprender el sentimiento no facilitaba la práctica. A medida que la adrenalina de la noche se desvanecía, el silencio la dejaba inquieta.
Un suave chasquido atravesó la quietud cuando el encendedor plateado de Kellan cobró vida, proyectando un breve y cálido resplandor.
«Pase lo que pase, si necesitas algo, como esta noche, no dudes en pedirlo», dijo Kellan con voz baja pero firme.
Encendió su propio cigarrillo, y el ligero sabor amargo del tabaco se mezcló con el aire fresco de la noche, mezclado con un sutil rastro de jazmín, el aroma distintivo de los cigarrillos de mujer. Desde donde estaba Allison, la silueta de Kellan parecía casi espectral, perfilada por la luz plateada de la luna. El tenue resplandor del cigarrillo en sus dedos iluminó sus rasgos, suavizándolos en una neblina de sombra y humo.
La visión provocó una pregunta inesperada. «¿No es una marca de mujeres? ¿Por qué la tiene, Sr. Lloyd?».
Un atisbo de sonrisa tocó sus labios. «Te vi fumándolas una vez. Decidí probarlas yo mismo».
Los ojos de Allison se abrieron ligeramente, la sorpresa brilló en su rostro mientras procesaba sus palabras. Echó un vistazo al cigarrillo entre sus dedos, preguntándose cuánto tiempo hacía de aquello.
Los recuerdos volvieron a su mente: una tarde lejana en la que estaba de pie en una terraza, con el humo envolviéndola mientras calculaba cómo convertir a Kellan en un activo. Nunca imaginó que él se daría cuenta de un detalle tan pequeño, y mucho menos que lo imitaría ahora.
—No te muevas. Tienes algo en el hombro —dijo Kellan, interrumpiendo su ensueño.
Extendió la mano y sus dedos rozaron su hombro mientras arrancaba una hoja caída de la tela de su abrigo.
El momento pasó en un instante, un toque tan fugaz que podría haber pasado desapercibido. Sin embargo, en ese instante, el mundo pareció detenerse.
La distancia entre ellos se redujo y todo lo demás se desvaneció, dejando solo el calor compartido de su proximidad. Podía sentir el calor persistente de donde sus dedos la habían rozado, una sensación que resonaba en lo más profundo de ella.
Las manos de Kellan eran anchas y callosas, marcadas por la fuerza y la resistencia. Cuando recogió la delicada hoja caída de su hombro, el contraste entre sus ásperas manos y la frágil hoja parecía casi poético.
«Gracias, Sr. Lloyd», dijo Allison, manteniendo la voz firme. «Parece que ha llegado el otoño, hay tantas hojas marchitas».
Kellan la miró a los ojos.
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