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Capítulo 545:
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«Serpiente Escarlata, el suelo es tuyo».
Incluso él desconfiaba de la ira de Amor.
Pero con la presencia de Kylo y la fechoría de Amor expuesta a la vista de todos, sus perspectivas parecían sombrías.
«¡Andrés! ¿Has perdido la cabeza? ¡Tócame y te arrepentirás de por vida!».
Su compostura se hizo añicos, el orgullo de Amor se disolvió en su desesperación, su cabello despeinado enmarcaba un rostro retorcido por la furia y el pánico.
Pero Andrés permaneció impasible.
—Señorita Prescott, le sugiero que se preocupe primero por su propia situación.
Dicho esto, hizo una señal a otro guardia para que la inmovilizara aún más. Ya se había cruzado la línea, no había vuelta atrás.
Kylo finalmente se levantó, cogió una daga con una intrincada empuñadura tachonada de rubíes y se la extendió a Allison con una mirada tranquila y serena. —Como juez aquí presente, soy imparcial. Serpiente Escarlata, si no te importa.
Allison le cogió la daga. —Gracias, Kylo.
Desde su asiento, Kellan observó atentamente a Kylo.
Kylo, el hombre conocido por su crueldad, le había dado a Allison su daga personal, un gesto que no pasó desapercibido para Kellan.
En ese momento, la mirada de Kylo se dirigió hacia Kellan.
Sus ojos se cruzaron y una corriente de tensión pasó entre ellos.
Allison pudo verlo. Allí estaba Kellan, reclinado casualmente en el sofá, mientras Kylo se apoyaba, tranquilo y sereno, en el borde de la mesa de juego. Ambos hombres poseían un aura tan fría como el invierno.
Sin embargo, había una sutil distinción: mientras Kellan permanecía distante e inescrutable, el comportamiento habitual de Kylo se suavizaba con una sonrisa tranquilizadora, una que insinuaba a un compañero experimentado. Sin embargo, ambos hombres eran maestros en su oficio: astutos, decididos e implacables.
Allison tenía poco tiempo para analizar su interacción; ahora estaba concentrada en Amor mientras se acercaba.
¡Clic! ¡Clic!
El agudo ritmo de sus tacones contra el suelo de mármol resonaba. Desde su posición ventajosa, Amor podía ver la alta figura de Allison acercándose con paso firme.
El rítmico golpeteo de sus tacones reverberaba como un reloj, y cada paso le quitaba las últimas gotas de valor.
Al percibir su situación, Amor sintió que su desafío flaqueaba y rápidamente cambió de tono, apretando los dientes en señal de desesperación. «Por favor, Serpiente Escarlata… ¿tenga piedad de mí?».
Las lágrimas corrían por sus mejillas, mezclándose con el sudor frío que le pegaba el pelo a la cara.
Su maquillaje, antes impoluto, ahora estaba corrido, y parecía completamente derrotada.
Pero el ritmo de Allison se mantuvo inquebrantable, sus pasos cerraban la distancia sin piedad.
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