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Capítulo 1049:
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«Dínoslo. ¿Quién te metió en esto exactamente?».
«Esta es tu última oportunidad», intervino Kellan. «Si no confiesas, no me culpes por ser despiadado».
Barton vaciló, con gotas de sudor en la frente. Antes, si Nova no lo hubiera interrumpido, habría revelado quién era el cerebro.
Pero ahora, como si hubiera visto algo, o a alguien, su actitud cambió. Cayó de rodillas y confesó: «Te lo diré. Todo fue culpa mía. Nadie más me ordenó hacerlo. Robé los artículos e intenté inculpar a la Sra. Clarke, pero… las cosas no salieron según lo planeado». Las palabras eran sencillas, pero cada una parecía costarle caro a Barton.
La mirada penetrante de Nova se clavó en él como una advertencia. Asumir toda la culpa era su única opción ahora. Era la única forma en que podía esperar su protección.
Incluso si iba a la cárcel, con el tiempo podría salir con su ayuda.
Insatisfecho con la respuesta de Barton, Kellan insistió una vez más: «¿Nadie te dio instrucciones?».
Barton apretó los dientes y negó con la cabeza. «¡No!».
Kellan soltó una risa fría y cruel. «Bien. Sherman, llévalo al bosque cercano y dáselo de comer a esos lobos hambrientos».
En el momento en que esas palabras salieron de los labios de Kellan, Barton pareció salir de cualquier trance en el que hubiera estado. Su rostro se descoloró y el terror lo invadió. Luchó violentamente contra el agarre de Sherman y gritó: «¿A dó… dónde me llevas? ¡No! ¡No voy contigo!».
Todos en el sanatorio, especialmente los empleados de la familia Lloyd, conocían ese lugar. El bosque en la parte trasera de la montaña era un lugar sin retorno, un dominio brutal donde los lobos salvajes vagaban libremente, sin dejar rastro de sus víctimas.
Sherman apretó su agarre sobre Barton. «No puedes elegir. Vas a ir».
El miedo de Barton alcanzó su punto máximo. Desesperado, se liberó lo suficiente para caer de rodillas ante Allison.
«¡Sra. Clarke, por favor! ¡Lo siento mucho! No era mi intención incriminarla. ¡Por favor, perdóneme! ¡Juro que no lo volveré a hacer!».
Los ojos de Allison transmitían una sensación de certeza, su tono era inquebrantable.
«Si eres tú quien está detrás de todo esto, estás acabado».
Barton, al oír el peso de sus palabras, se derrumbó de miedo.
Las lágrimas le corrían por el rostro mientras se volvía desesperado hacia Nova.
«Sra. Lloyd, por favor, sálveme…».
Tenían un acuerdo: si lo descubrían, Barton asumiría la culpa y Nova garantizaría su seguridad. Pero ahora, esa promesa parecía vacía.
La expresión de Nova se endureció, su disgusto era evidente.
«Dr. Swain, confié en usted. Sin embargo, no solo me ha engañado, ¿ahora quiere mi ayuda?».
Sus pasos hacia él eran deliberados, su voz fría.
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