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Capítulo 1011:
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La multitud que los rodeaba estalló en disgusto. «¿Qué clase de monstruos harían eso?».
Con pasos mesurados, Allison se acercó a Troy y Mindy, sosteniendo el acuerdo ante ellos.
«Si firmáis este acuerdo, os daré cuatrocientos mil dólares para manteneros el resto de vuestras vidas. Mientras tanto, Amya no tendrá más relación con vosotros. Si alguna vez la volvéis a acosar…».
Se inclinó hacia ellos, con voz baja y escalofriante, asegurándose de que solo ellos tres pudieran oírla. «Me aseguraré de que alguien te rompa las piernas y nunca vuelvas a salir de este pueblo de pescadores».
Mindy, temblando, se dejó caer al suelo presa del miedo. «¡N-No te atreverías!».
«Oh, sí que lo haría», respondió Allison con frialdad, señalando la comisaría de policía. «Pregunta por ahí quién fue el responsable de acabar con Shadow Nine».
A Troy y Mindy se les ocurrió que se habían metido en un lío del que no podían salir.
Sin embargo, Troy aún se aferraba a un rayo de esperanza, y sus ojos se volvieron hacia Amya. —Amya, ¿lo has olvidado? ¿Quién te llevó al hospital cuando estabas enferma? ¿De verdad vas a abandonarnos a tu madre y a mí?
Los puños de Amya se apretaron con fuerza a los lados. Romper los lazos con sus padres biológicos significaba dejar atrás todo lo que habían sido para ella.
Con voz firme, se acercó a ellos y pronunció cada palabra con determinación. «Si no fuera por la Sra. Clarke, Shadow Nine me habría enviado al extranjero y nunca habría regresado».
Troy, desesperado por defenderse, balbuceó: «¡Pero ahora estás bien!».
El rostro de Amya no reveló sorpresa alguna, su expresión era de piedra. «Considérame muerta. No vuelvas a buscarme».
Al oír sus palabras, Allison extendió el acuerdo ante ellos.
«Fírmalo. O podemos ir a la comisaría para hablar de tu implicación en el juego y la trata de personas».
En realidad, Allison no iba a dejarlos escapar tan fácilmente. Esta exhibición pública era simplemente un medio para liberar a Amya de las cadenas de su pasado.
Conocida por su sed de venganza, Allison se aseguraría de que no pusieran sus manos en esos cuatrocientos mil dólares. Y en cuanto a dejarlos ir de verdad, tampoco tenía intención de hacerlo.
Mindy estaba a punto de gritarle a Amya cuando Sherman y sus hombres las empujaron a ambas al suelo.
«La Sra. Clarke ha dejado clara su postura. Si no firmas, te quedarás sin piernas», dijo uno de los hombres.
Al oír esto, Troy volvió la cabeza para mirar a los aldeanos que observaban desde la distancia.
«¿Acaso os importa la ley? ¡Si nos pasa algo, todos ellos serán testigos!», gritó.
Pero justo cuando terminó, bajó la mirada y se encontró con un par de zapatos de cuero negro. Sobre ellos, un par de ojos intensos y calculadores se encontraron con los suyos.
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