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Capítulo 772:
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Aun así, no pudo ocultar la alegría que brillaba en sus ojos.
Sin pensarlo, Alden se acercó para darle un ligero y reconfortante apretón en el cuello. Después, se despidió educadamente de Odette y le dio a Delaney un cálido abrazo antes de marcharse.
—Helena, ¿qué te hace reír así? —preguntó Delaney en voz baja.
—Delaney, pronto lo verás por ti misma. Te prometo que te reirás más que yo.
Para no perder el control y reírse a carcajadas, Helena se obligó a recordar todos los momentos tristes del último año. Mientras intentaba recuperar la compostura, escuchó parte de una conversación entre Odette y su asistente.
Resultó que había un problema con el broche favorito de Odette, y ella tenía pensado ponérselo para un banquete importante que se celebraría en unos días. Esa noticia encendió una chispa en la mente de Helena, iluminando una nueva idea.
«Señora Astor, algunas de las piedras preciosas de su broche se han soltado. Tendremos que llevarlo a Evrachia y dejar que un especialista lo examine más detenidamente antes de poder decir cómo arreglarlo», comentó la asistente en tono amable.
Al principio, Odette frunció el ceño, pero rápidamente recuperó la compostura. «La reparación llevará algún tiempo. Supongo que tendré que buscar otra pieza para el banquete», respondió Odette, y luego se volvió hacia Helena. «Mira esto, querida».
Helena se levantó de su asiento y se acercó, tal y como le había pedido. El broche que Odette tenía en la mano le dejó sin aliento.
Inclinándose, Delaney le susurró: «Helena, ¿no es ese el broche Diamante Fénix de Gemmaire?».
Aunque casi asintió con la cabeza en señal de reconocimiento, Helena rápidamente fingió lo contrario. «¿El broche Diamante Fénix de Gemmaire? Nunca he oído hablar de él. ¿Es especial o algo así?».
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Los ojos de Delaney brillaban, llenos de emoción.
La visión de tal obra maestra claramente la había conmovido.
Helena, por supuesto, sabía exactamente lo que estaba viendo.
Los rumores rodeaban al broche Diamante Fénix, creado por Gemmaire, y se consideraba casi mítico. Se rumoreaba que su valor rondaba los cien millones de dólares, pero nunca había aparecido en una subasta.
Los diamantes de colores raros mezclados con piedras transparentes impecables, todos engastados meticulosamente por los mejores artesanos del mundo, le daban a la pieza su estatus legendario.
En el centro, un único diamante azul intenso en forma de lágrima, de más de 20 quilates, descansaba sobre el pecho del fénix. En total, los diamantes pesaban más de 110 quilates.
Para los coleccionistas, era más que una joya. Era un símbolo tanto de buen gusto como de poder.
Las historias circularon durante años. Exposiciones de fama mundial habían intentado una y otra vez tomar prestado el broche, pero ninguna lo había conseguido.
Ahora, Helena se dio cuenta de que Odette había sido la escurridiza propietaria todo este tiempo.
La emoción de Delaney no hizo más que crecer. Se lanzó a una entusiasta explicación sobre la historia y la artesanía del broche.
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