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Capítulo 759:
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Pero después de hablarlo con Delaney, su certeza creció: era un error de Alden.
«Entonces, ¿qué debo hacer ahora?», preguntó Helena, buscando una respuesta en el rostro de Delaney.
Delaney le apretó la mano, con determinación en los ojos. «Déjame encargarme de esto».
Le preguntó a Helena todos los detalles de las acciones de Alden después de llegar a casa y luego analizó la situación paso a paso.
Sabiendo lo meticuloso que podía ser Alden, Delaney razonó que, si realmente hubiera querido ocultar algo, las pruebas habrían desaparecido hacía mucho tiempo. Por otro lado, si no era nada grave, tal vez la nota simplemente se había tirado a un lado y todavía estaba en algún lugar de la casa.
Con esa lógica, Delaney decidió que su primer paso sería hacer un registro exhaustivo de la casa.
No perdieron tiempo: mientras Alden seguía fuera, Delaney pidió ayuda al personal doméstico para rebuscar en toda la basura de la casa.
Gracias a la correcta clasificación de los residuos, la búsqueda no llevó demasiado tiempo.
Al no encontrar nada, Delaney sintió un poco de alivio. Al menos no era tan grave como había temido.
Aun así, no estaba dispuesta a rendirse.
Su mente se aceleró y entonces un recuerdo de la infancia de Alden le dio una idea.
De niño, Alden siempre escondía sus secretos más preciados en la cisterna del inodoro.
Incluso se había vuelto muy hábil a la hora de impermeabilizarlos.
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Helena apenas podía creerlo, pero siguió a Delaney cuando esta se dirigió al baño principal. Sus dudas se desvanecieron cuando Delaney sacó una bolsa de papel encerado del interior del tanque. Helena sintió un nudo en el estómago.
Así que realmente se lo había ocultado.
Por un momento, la curiosidad de Helena se convirtió en temor. Ya no quería saber qué contenía la nota.
«Delaney, gracias por tomarte tantas molestias…. pero no quiero verlo». La decepción oscureció los ojos de Helena.
Sentía como si el dolor que sentía en su interior se convirtiera en un enjambre de pequeños insectos que se arrastraban bajo su piel.
Se dirigió hacia la puerta, deseando nada más que alejarse. Pero Delaney, terca como siempre, no podía dejarlo pasar. Desdobló la nota y leyó rápidamente lo que estaba escrito, sintiendo cómo su ira aumentaba con cada línea.
«¡Me gustaría conocer a la mujer que se atrevió a enviarle a mi hijo casado una nota de amor tan descarada! Si alguna vez la conozco, ¡aprenderá exactamente lo mucho que valoro a mi nuera!».
La indignación de Delaney se vio interrumpida. De repente, se detuvo en seco.
«¡Helena, espera!». Delaney salió corriendo del baño, apresurándose tras Helena.
Le mostró la nota a Helena. «Dime que estoy interpretando mal esto. ¿Por qué llama a Den tulipán? ¿Por qué dice que es guapo y todo eso? ¿No se supone que se trata de una mujer?».
Delaney se quedó sin aliento cuando comprendió la verdad.
La carta no era para su hijo. Era para una mujer.
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