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Capítulo 757:
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Pero ese estallido de moderación no duró mucho.
En dos minutos, Helena se encontró flotando cerca del perchero, incapaz de resistirse.
El sonido de la ducha de Alden llenaba la silenciosa habitación, el agua fluía constantemente detrás de la puerta cerrada.
Solo hacía falta un movimiento, un rápido alcance, y sabría la verdad.
Helena dudó, con la respiración entrecortada, luego reunió el valor y deslizó la mano en el bolsillo.
En ese momento, la ducha se apagó.
Una fracción de segundo después, la puerta del baño se abrió con un crujido.
La noche avanzaba, pero los ojos de Helena se negaban a cerrarse.
Permaneció despierta, observando cómo la luz de la luna se derramaba por el cristal de la ventana, increíblemente brillante.
Qué descuido: había estado tan concentrada que no se había dado cuenta de cuándo Alden había guardado esa nota.
El recuerdo de su incómodo y casi culpable contacto visual le hizo arder las mejillas. No tenía ni idea de si Alden la había pillado realmente registrando su abrigo, pero, en cualquier caso, el bolsillo estaba vacío.
Eso solo confirmaba sus sospechas: había algo extraño en esa nota. Una punzada de ira se retorció en su pecho, pero se desvaneció con la misma rapidez, sustituida por un dolor más profundo.
Se dio la vuelta para mirar a Alden, que dormía, recortado contra la suave luz de la mañana, tan guapo, tan tranquilo. Su irritación se desvaneció una vez más.
Pero eso no resolvería nada.
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Le dio la espalda, en una pequeña protesta silenciosa.
Era un gesto poco habitual en ella, algo que no había hecho desde que empezaron a compartir cama.
La mañana llegó con Helena inusualmente callada.
Durante todo el trayecto hasta Genie TV, se sentó en el coche de Alden sin decir una palabra, en un silencio tan denso como la niebla.
Alden le tomó la mano, pero ella la retiró con un movimiento brusco.
—Hoy tengo mucho que hacer. Me bajaré aquí. No te molestes en recogerme esta noche.
Antes de que él pudiera responder, ella ya había abierto la puerta y se había alejado apresuradamente, dejándolo solo con el aire inquieto.
Ninguno de los mensajes de Alden llegó a Helena ese día. Ella los ignoró todos.
Cuando terminó de trabajar, él no había aparecido fuera de la cadena de televisión para recogerla.
Esa ausencia le produjo una extraña sensación de alivio, que rápidamente se convirtió en decepción. Mientras intentaba entender su propia reacción, vio a Leonino justo delante.
Le pareció que el universo se estaba riendo a su costa.
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