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Capítulo 755:
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Un sutil gesto de asentimiento de Alden mostró su aprobación.
Sin decir nada más, comenzó a marcharse, lanzando un último comentario por encima del hombro. «Quizás no seas tan inútil después de todo».
Dario se quedó allí, momentáneamente desconcertado. ¿No era inútil? ¡Era prácticamente una liga de la justicia de un solo hombre!
Ah, claro, el dinero.
Dario se apresuró a seguir a Alden, con la mano extendida sin ceremonias.
Alden, siempre profesional en estas cosas, no dudó. Normalmente, había un depósito y un pago después del trabajo, pero esa noche transfirió el importe total por adelantado, tal y como habían hecho Kareem y Natalie antes.
Dario comprobó la notificación y luego negó con la cabeza con una sonrisa. —Sabe, señor Wilson, llamarme en persona debería costarle el doble.
Alden ni pestañeó. Simplemente tocó su teléfono y duplicó el pago sin decir nada más.
Eso finalmente le valió un gesto de satisfacción por parte de Dario, pero este no se apartó. En cambio, su expresión se volvió seria. —Hay algo aún más importante que esa exposición de lo que tenemos que hablar.»
Alden se detuvo en seco.
No era habitual ver a Dario con una expresión tan seria.
Una chispa de cautela se apoderó de los ojos de Alden mientras observaba atentamente a Dario, con la mente acelerada por una docena de posibilidades descabelladas. «¿Qué pasa ahora?».
«Se trata de tu madre».
«¿Mi madre?».
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Dario se inclinó y le susurró: «Está mejor, claro. Pero ahora es precisamente cuando te necesita: necesita tranquilidad, cariño y todo el ánimo que puedas darle. No te reprimas. Un golpe más y podría quebrarla más que antes».
Dio un paso atrás, con un brillo juguetón en los ojos. «Eres un hombre inteligente. No me digas que esto te supera».
La burla era leve, pero Alden sintió que todo su cuerpo se tensaba. En el fondo, sabía que Dario tenía razón.
Expresar esa emoción cruda… simplemente no sabía cómo.
Ya había sido bastante difícil confesar sus sentimientos a Helena en aquel entonces; esa prueba casi lo había acabado.
¿Derramar afecto a la madre de la que había estado separado durante años?
Eso le parecía casi imposible.
Alden exhaló un suspiro agudo, cargado de frustración. Era su forma silenciosa de admitir la derrota.
Dario sonrió, encantado, pero en lugar de restregárselo, hizo de mentor. Con un gesto teatral, sacó una nota doblada de su bolsillo.
«¿Qué se supone que es eso?», preguntó Alden, dando un paso atrás con cautela y mirándola como si fuera a resultar ser algún tipo de tutorial de baile en el que no quería participar.
Pero Dario no se molestó en explicarlo. Simplemente deslizó la nota en la chaqueta de Alden. «Confía en mí. Me lo agradecerás».
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