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Capítulo 737:
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Con voz temblorosa, Monique respondió: «Sra. Sutter, nada de lo que haga puede deshacer lo que ocurrió durante la emisión. Aunque renuncie, el error sigue ahí. Solo quiero evitarle más dificultades, así que…». Su tarjeta quedó allí, como una silenciosa admisión de derrota.
Los recuerdos de sus primeros días en Genie TV se agolparon en su mente. Había prometido ser una periodista honesta, una que lucharía por la justicia con su micrófono y su voz.
Esa promesa le parecía ahora muy lejana. Al contemplar su propio reflejo en la brillante insignia, se preguntó si alguna vez podría estar a la altura.
Meredith permaneció en silencio, solo recogió la insignia, la miró y la guardó en un cajón del escritorio.
Monique sintió un profundo arrepentimiento. Se dio la vuelta para marcharse.
Pero la voz de Meredith la detuvo. «No me estás poniendo las cosas más difíciles, Monique. Pero está claro que no estás en el estado de ánimo adecuado. Creo que necesitas un descanso de verdad. Guardaré tu placa hasta que estés lista para volver, pero no me hagas esperar demasiado».
Cerró la carpeta de golpe cuando Meredith finalmente levantó la vista, con palabras que tenían el peso de un desafío.
«El tiempo y las oportunidades no te esperarán. No tardes una eternidad en decidirte». Esas palabras tocaron algo muy profundo en Monique. Se inclinó, con una postura que denotaba gratitud.
Al salir, dobló la esquina y casi chocó con Helena.
La sorpresa fue mutua, una pausa inusual en el pasillo.
Rompiendo el silencio, Monique esbozó una sonrisa de agradecimiento. «Gracias. Si no hubieras intervenido, estaría haciendo las maletas para siempre».
Helena miró por encima del hombro de Monique hacia la oficina de Meredith. Se sintió aliviada de que la supervisora, normalmente estricta, hubiera mostrado su lado más amable.
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Mirando a Monique, admitió: «Monique, te debo una disculpa». Soltó que había decidido emitir las imágenes de la zona de guerra y se había inventado la historia del trastorno de estrés postraumático. Sus palabras se apagaron y la vergüenza tiñó sus mejillas.
Helena no se defendió, solo fue sincera. Monique captó el gesto y la abrazó en silencio.
«Seré sincera… He pensado que podría tener TEPT, pero nunca he ido al médico por eso. Así que tu historia… no era del todo infundada».
Ese momento ayudó a Monique a tomar una decisión: por fin había llegado el momento de buscar respuestas por sí misma.
Sintiendo que la tensión se aliviaba un poco, Helena cambió de tema. «Por cierto, creo que tu portátil podría tener algún problema».
La corazonada de Helena tocó el punto más sensible del corazón de Monique.
Desde que despertó, Monique había estado atrapada en un bucle, repitiendo cada momento del desastre, buscando una pista.
Por más que lo analizara, sus sospechas volvían siempre al mismo lugar: su propia madre.
De todas las personas de su entorno, solo Bonnie habría tenido acceso a su ordenador.
Sin embargo, la posibilidad de culpar a su madre llenaba a Monique de una profunda vergüenza. Confiar en la familia se suponía que era algo natural; si empezaba a dudar de su propia madre, ¿en qué la convertía eso?
Atrapada en ese tira y afloja, Monique se enfrentó a la sincera preocupación de Helena, sintiéndose más conflictiva que nunca.
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