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Capítulo 694:
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Si alguien había actuado de forma inapropiada, desde luego no era ella.
Quería decir más cosas, pero de repente no pudo articular palabra debido al nudo que tenía en la garganta.
Una sequedad le invadió la boca, dejándola completamente sin palabras.
Esa misma sensación familiar de impotencia volvió a invadirla, haciéndola sentir mareada.
Bonnie observaba con satisfacción cómo Delaney luchaba.
Apretó los puños con fuerza.
Bonnie creía que podía mantener el control sobre todo.
Ya se estaba preparando para mostrarse más amable y consolar a Delaney cuando se abrió la puerta.
Helena entró con una mirada fría, y Alden la seguía de cerca. Sin prisa, Alden ayudó a Helena a quitarse el abrigo, lo colgó cuidadosamente y se acercó a Delaney.
—Mamá, hemos vuelto para pasar tiempo contigo.
Delaney recuperó las fuerzas y logró hablar. —Me alegro de oírlo.
Y Helena… sus ojos eran tan claros como el hielo, fijos en Bonnie sin pestañear.
Bonnie sintió el peso de la mirada de Helena, y la culpa le punzaba bajo la piel. La presencia de Alden dominaba la habitación; incluso cuando pasaba por delante, parecía haber un escalofrío en el aire.
Bonnie esbozó una sonrisa agradable y logró saludar. «Den, la gala de esta noche ha sido todo un éxito. Tu madre y yo la hemos visto entera por la retransmisión en directo. Estamos muy emocionados por ti».
Alden no le prestó atención. En cambio, se sentó junto a Delaney, le sirvió en silencio una taza de café y se la ofreció con delicada atención.
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Bonnie casi podía sentir el frío que irradiaba desde atrás. Algo no estaba bien.
Se aclaró la garganta y se volvió hacia Delaney. —Ahora que Den está en casa para hacerte compañía, me voy, Delaney.
Pero justo cuando Bonnie llegó a la puerta, Helena se interpuso para bloquearle el paso. «Señorita Luna, déjeme darle una lección de lo que significa ser dura». Bonnie se puso muy nerviosa. ¿Qué quería decir Helena? ¿Habían estado escuchando detrás de la puerta todo el tiempo?
Helena miró a Delaney antes de acercarse a Bonnie. «Señorita Luna, en esta casa, nadie puede maltratar a Delaney. Ella siempre te ha tratado como a una amiga, se ha preocupado sinceramente por ti».
Bonnie apretó la mandíbula, enfurecida por la postura amenazante de Helena.
Helena no suavizó el tono. «Déjame dejar esto claro: si alguna vez pillo a alguien maltratándola, especialmente aquí, se lo haré pagar. Diez veces, cien veces. Sabes que no juego a ser refinada».
Bonnie hervía de ira, con el resentimiento ardiendo justo bajo la superficie.
Siempre había considerado a Helena inferior a ella, convencida de que alguien como Helena no podía rivalizar con su Monique por el afecto de Alden. Pero los hechos eran evidentes: lo había juzgado todo mal.
Alden estaba absolutamente dedicado a Helena, e incluso Delaney le había abierto su corazón.
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