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Capítulo 664:
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Sin embargo, momentos como este hicieron que Helena se diera cuenta de lo mucho que temía perder a su mejor amiga.
Simplemente no podía soportar la idea.
«Estoy bien». Valeria esbozó una sonrisa amable. «Se lo debo todo a tu maravilloso marido. Si Alden no hubiera enviado a Xavier a cuidarme, probablemente no estaría aquí. Aun así, Alden tiene una forma muy extraña de ayudar, como si hubiera enviado a alguien a acosarme en lugar de protegerme».
Helena soltó una carcajada, aliviando la tensión.
La discreción siempre había sido el sello distintivo de Alden. No era de extrañar que su amabilidad se malinterpretara a menudo.
Lista para responder con una broma, Helena se detuvo en seco cuando se fijó en la sombra que se cernía sobre el rostro de Valeria, una expresión sombría poco habitual en ella.
«¿Qué pasa, Valeria?», le preguntó en voz baja.
Se produjo una larga pausa mientras Valeria luchaba por encontrar las palabras, con los ojos enrojecidos.
Ayer se había limitado a ver cómo Dorian se marchaba sin detenerlo.
Había pasado un día entero y él aún no había intentado ponerse en contacto con ella.
Los celos y las dudas se retorcían en su interior: tal vez Ella ya se había ganado el corazón de Dorian.
Helena, captando cada rastro de dolor, insistió amablemente en llevar a su amiga a casa.
Desde un lado, Alden frunció aún más el ceño.
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De alguna manera, la feroz lealtad de Helena significaba que nunca habría un mundo en el que él la tuviera solo para él.
—Deja que Xavier os lleve a las dos de vuelta —dijo.
Helena respondió con voz aguda y protestona: «Alden, Xavier está herido, ¿cómo esperas que se ponga al volante?».
La preocupación por el bienestar de Xavier estaba por encima de la comodidad.
Pronto se llegó a un acuerdo: Alden cogió las llaves y llevó personalmente a Helena y Valeria a casa de Natalie.
Cuando llegaron, Natalie le sirvió a Valeria una taza de café humeante.
Helena ya le había contado a Natalie todos los acontecimientos recientes. Las intrigas y rivalidades empresariales habían llevado a Natalie a seguir de cerca todos los acontecimientos relacionados con la familia Morrison. El desastre que había provocado Yousef era devastador.
Ahora, de alguna manera, parecía que Valeria iba a pagar por ello con su propio futuro y su felicidad.
El desprecio por tal injusticia brotó en el interior de Natalie, mezclándose con una sincera lástima por la difícil situación de Valeria.
La amabilidad suavizó su voz cuando dijo: «Valeria, durante todos esos años en los que Helena estuvo sin nosotros, tú fuiste su ancla. Siempre la has protegido, nos dimos cuenta».
Haciendo caso omiso de la gratitud, Valeria respondió: «Eso ya pasó. Si pudiera volver atrás, tomaría las mismas decisiones. Nunca lo sentí como una carga, Helena se merece todo lo bueno que le pasa».
Natalie sintió un repentino pinchazo en la nariz mientras miraba a Valeria con la calidez que una madre reserva para su propio hijo.
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