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Capítulo 660:
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Dorian vio el cambio en su actitud: un destello de dulzura bajo la dureza. Exhaló lentamente y el alivio se reflejó en su rostro.
Sabía que Valeria siempre había sido racional. Justa. No atacaba sin motivo y, a pesar de todo, su presencia allí demostraba que aún le importaba. Muchos lo habían admirado a lo largo de su vida, pero ninguno, ni uno solo, se acercaba a la mujer que tenía delante.
Así que se tranquilizó, suavizó el tono de su voz y finalmente comenzó a explicar. «Mi familia… está en serios problemas. No te lo conté porque no quería ser una carga para ti, o peor aún, que fueras a Helena. Alden ya me ha ayudado más de lo que debería. No puedo seguir dependiendo de él. Tengo que arreglar esto yo mismo».
La gente lo llamaba imprudente, inmaduro, un heredero mimado que se dejaba llevar por la vida. Pero, en realidad, Dorian valoraba su orgullo más de lo que la mayoría sabía.
Y estaba decidido: el legado de la familia Morrison no se derrumbaría bajo su mandato. Tenía que luchar.
Valeria observó el cansancio en su rostro, el peso de las noches sin dormir y los miedos que no se atrevía a expresar. A pesar de todo, su corazón se ablandó.
«Continúa», dijo en voz baja.
«El proyecto que presentó la señorita Reed», continuó, «del que hablamos ayer, tiene un enorme potencial.
Si funciona, podría sacarnos de este agujero. Esta podría ser mi última oportunidad real».
Dudó, respiró hondo y luego lo dejó claro.
«Y sí, la señorita Reed es con quien mi familia quiere que me case. Pero Valeria, solo será una farsa, nada real».
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Valeria se quedó paralizada. «¿Una farsa?».
«Sí».
Dorian dio un paso adelante, a punto de dar más explicaciones, pero su teléfono vibró con fuerza en el bolsillo de su abrigo.
El tono de llamada atravesó el aire, estridente, chirriante e implacable.
Dorian miró la pantalla. Ella.
«Valeria, puede que sea sobre el proyecto. Déjame contestar», dijo, dándose la vuelta, con el instinto guiando su mano para responder.
Al otro lado se oyó el gemido de Ella.
—Señorita Reed, ¿qué está haciendo?
—Dorian… ¡ayúdame! —La voz de Ella se quebró.
Había abandonado el formal «señor Morrison». Ahora era solo Dorian, íntimo, desesperado.
Pero Dorian no tuvo tiempo de pensar en el cambio. —¿Qué pasa?
Las palabras de Ella salieron entre jadeos entrecortados, con el viento rugiendo de fondo. —He tenido un accidente de coche… Estoy herida. Creo que me he golpeado la cabeza, me siento mal. —Tosió, un sonido débil y doloroso que retorció algo en las entrañas de Dorian. Luego se oyó un fuerte golpe, algo pesado que caía al suelo. La línea crepitó, pero su silencio gritaba más fuerte.
En un santiamén, Dorian no solo estaba evaluando el estado de Ella, sino que también calculaba las posibles consecuencias, el efecto dominó en el futuro de la familia Morrison.
Tomó una decisión rápidamente.
«Envíame tu ubicación».
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