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Capítulo 554:
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La curiosidad pudo más que ella. Helena se volvió y se encontró con la mirada de Albert, cuyos ojos brillaban con lágrimas contenidas.
En esos ojos, Helena vio orgullo, profundo afecto y una oleada de emoción tan poderosa que la tomó por sorpresa.
Una avalancha de sentimientos abrumó a Helena y, aunque estaba acostumbrada a enfrentarse a multitudes, no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus mejillas en ese mismo instante.
Sonrojada y aún sollozando, Helena bajó la cabeza y logró explicar con voz temblorosa: «Antes mencioné a mi padre adoptivo, el hombre que me sacó del orfanato y me dio un hogar. Hoy está aquí y verlo me ha pillado por sorpresa. Por eso me he emocionado un poco».
Los medios de comunicación no perdieron detalle. Las cámaras enfocaron inmediatamente a Albert, capturando el momento para que todos lo vieran.
Esa breve mirada entre Helena y su padre, capturada por una docena de cámaras, pronto se convirtió en la foto más conmovedora que apareció en todos los titulares.
Los aplausos se extendieron entre la multitud al ver su vínculo, pero la atención de Lucas se centró directamente en Alden.
Había estado observando a Alden con atención durante toda la cumbre. Había visto a Alden inclinarse y susurrarle algo a Xavier, quien se escabulló rápidamente y regresó poco después con Albert.
Si a eso le sumaba el momento anterior en el que Alden y Helena habían rozado sus anillos de boda, Lucas estaba casi convencido: era imposible que su matrimonio fuera tan inestable como decían los rumores.
Una sutil sonrisa de complicidad se dibujó en la comisura de sus labios.
Helena era un tesoro, y Lucas estaba más decidido que nunca a atraerla de vuelta a Nexus TV.
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Después de aceptar su premio, Helena regresó a su asiento con el trofeo brillando en su mano.
Casi de inmediato, un grupo de los veteranos más respetados de los medios de comunicación de Cheson se levantó de sus asientos para saludarla, cada uno ofreciéndole un cálido apretón de manos y palabras de aliento.
Compartieron fragmentos de sabiduría ganada con esfuerzo, instándola a apuntar aún más alto.
Sintiéndose honrada, Helena levantó su copa en señal de agradecimiento. Casi nunca bebía, pero esa noche brindó con cada uno de los veteranos, expresándoles su sincero agradecimiento.
En medio de toda la celebración, Zayden se inclinó y le susurró algo a Michael.
Con un gesto de asentimiento, Michael, siempre discreto, se abrió paso entre la multitud y le pasó en secreto a un camarero una tarjeta junto con un pequeño paquete de polvo blanco.
El camarero entendió la misión. Mezcló el polvo en una copa de vino tinto y esperó el momento adecuado para entregársela a Helena. Tras varios brindis, Helena sintió de repente una ola de calor que la invadió, dejándola mareada y tambaleante.
Suponiendo que solo estaba un poco borracha, se excusó educadamente y se escabulló entre bastidores, con la esperanza de que el aire fresco le despejara la cabeza.
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