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Capítulo 534:
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Helena también se rió, y la tensión en el ambiente finalmente se disipó.
A pesar de las risas, tanto Natalie como Helena estaban preocupadas por las heridas de Kareem.
Natalie rápidamente se puso seria. «De verdad deberías ir al hospital. Tus heridas podrían ser peores de lo que pensábamos, ¿y si hay daños internos?».
Helena añadió sin dudarlo: «Y tú también, mamá. Llevas días tomando alucinógenos. Aunque los efectos secundarios hayan desaparecido, debemos asegurarnos de que no queda nada».
Mientras la familia se abrazaba tras el reencuentro, Alden se apartó en silencio, dejándoles espacio, casi desapareciendo en el fondo. Pero cuando llegó el momento de ir al hospital, fue él quien dio un paso al frente y se puso al volante, actuando como su fiable conductor.
En el hospital, Natalie fue la primera en ser llamada. Una enfermera le extrajo sangre y ella esperó los resultados de las pruebas.
Mientras tanto, Helena ayudó a Kareem a caminar por el pasillo hacia el departamento de ortopedia para que le hicieran una evaluación completa de sus lesiones.
Natalie se sentó en silencio en la sala de espera. Alden permaneció a su lado, con la mascarilla puesta, tranquilo pero vigilante.
—Está bien. No hay nadie más aquí —dijo Natalie de repente, mirándolo—. Puedes dejar de fingir.
Alden soltó una risita y se bajó la mascarilla, dejando al descubierto unos rasgos llamativos y de tonos fríos.
—¿Cuándo me has reconocido? —preguntó con ojos divertidos.
Natalie resopló. —¿Reconocerte? Por favor. No eres especial para mí. Pero mi hija… cada vez que te mira se le iluminan los ojos.
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El comentario pilló a Alden desprevenido.
Helena…
Helena… Ella siempre lo había tratado con pura devoción, pero él le había fallado.
Entonces se le ocurrió otra idea.
Liliana. La que le había causado tantos problemas a Helena una y otra vez. El tono de Alden se suavizó, casi burlón. —Señora Harrison, he cumplido con lo que me pidió. ¿Y usted qué ha hecho?
Natalie entrecerró los ojos. —¿Qué hay de mí?». Aunque había llegado a aceptar a Alden como su yerno, seguía siendo la misma con él: fría, indiferente y directa.
«Prometiste cuidar de Helena mientras yo no estuviera», dijo Alden con frialdad. «¿Pero qué ha pasado? ¿Cuánto le ha hecho sufrir tu hija adoptiva? ¿Cómo has podido confiar tanto en esa mujer y pasar por alto completamente a tu propia hija?».
Las palabras le dolieron profundamente.
Natalie nunca fue de las que se escondían detrás de excusas. Bajó la mirada y bajó la voz: «Tienes razón. Le fallé. Hace más de veinte años, no pude protegerla cuando era un bebé. Y ahora, incluso después de encontrarla, lo único que he hecho ha sido causarle más dolor…».
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