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Capítulo 484:
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«Helena, ¿quién era ese hombre con el que estabas teniendo una reunión tan íntima en el salón privado? No me digas que es el mismo tipo que te entregó esa bolsa de boutique tan elegante ayer».
Al oír esa voz, Helena se dio la vuelta y vio a Liliana de pie cerca de ella.
Por pura casualidad, Liliana había elegido el mismo lugar para cenar ese día. Cuando había llegado antes, había visto a Helena entrando en uno de los elegantes salones privados.
Esa pequeña escena había despertado el interés de Liliana, por lo que decidió seguirla.
Unos treinta minutos más tarde, Liliana vio que se abría la puerta del salón privado. Un hombre bien vestido, de unos cincuenta años, salió el primero. Helena le seguía de cerca, moviéndose con elegancia y naturalidad.
Liliana la siguió por las escaleras, esperando el momento oportuno. Esperó hasta que llegaron a la parte más concurrida del restaurante. Entonces, con voz alta y llena de sarcasmo, dijo:
—¡Helena, tu marido acaba de morir! ¿No crees que vestirte así, tan llamativa, y salir con otro hombre, es un poco exagerado?
Como era de esperar, sus palabras llamaron la atención de todos.
Los comensales que estaban absortos en sus cosas se detuvieron y miraron hacia allí.
Helena se quedó allí, alta y imponente. Su maquillaje era impecable y, efectivamente, iba muy elegante.
«¡Dios mío, mira cómo va vestida! Y su marido acaba de fallecer, ¡pobrecita!».
«No me extrañaría que estuviera saliendo a escondidas con otros hombres mientras él aún vivía».
«Es impresionante, sin duda. Pero ¿una mujer así? ¡Qué desvergüenza!».
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Los oídos de Helena resonaban con el agudo pinchazo de los susurros y los murmullos críticos.
Era exactamente la reacción que Liliana esperaba.
No solo quería manchar el nombre de Helena, quería arrastrarla por el barro, arruinar su reputación y despejar el camino para hacerse con la fortuna de la familia Harrison.
Ahora que la reputación de Helena había quedado mancillada ante todos, aunque Natalie se presentara más tarde y la reconociera como su verdadera hija, el daño ya estaría hecho. El público seguiría burlándose. Ante tal reacción, Natalie podría optar por la opción más segura: ella.
«Helena, mira a tu alrededor, está claro que todos están de mi parte. Si te importa tu dignidad o la de nuestra familia, quizá sea hora de que des marcha atrás», dijo Liliana con dulzura, avivando las llamas mientras saboreaba la imagen de su brillante futuro.
Helena se dio cuenta de que Liliana había dejado de fingir.
Bloqueando los susurros a su alrededor, se acercó y le preguntó en voz baja: «¿Qué es lo que realmente quieres?».
Helena no tenía intención de competir por el afecto de Natalie y Kareem, ni le interesaba en absoluto su fortuna. Lo que realmente la desconcertaba era la amargura que Liliana parecía mostrar cada vez que se cruzaban.
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