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Capítulo 462:
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El resto del equipo miró a Donn con curiosidad.
Acorralado, Donn siguió con su actuación con audacia. «¡Es la propia Sra. Wilson!», declaró sin una pizca de vergüenza.
El desprecio de Dominick no hizo más que aumentar.
Sin pensarlo, miró a Helena. Su rostro permanecía sereno y serio, como si su mente estuviera en otro lugar. Dominick se dio cuenta de que estaba pensando en Alden otra vez. Suspiró en silencio. Sus ganas de ridiculizar a Donn comenzaron a desvanecerse un poco.
Pero el resto del grupo se emocionó aún más. Empujaron a Donn para que se pusiera en contacto con la esposa de Alden de inmediato, con la esperanza de que descubriera algo jugoso.
—Bueno… yo… —Donn vaciló un segundo. Queriendo seguir con la actuación, añadió rápidamente—: La señora Wilson está muy ocupada en este momento. Yo… hablaré primero con su asistente, no quiero hacerle perder su valioso tiempo. —Y con eso, marcó el número de Xavier.
Donn había conseguido la información de contacto directamente en la página web oficial de Star Wish Investments, donde estaba a la vista de todos.
En cuanto se conectó la llamada y Donn se identificó, Xavier reconoció el nombre de inmediato. Era el mismo tipo que había estado causando problemas a Helena.
Como era de esperar, Xavier respondió con frialdad. Su voz era aguda y seca cuando advirtió: —Sr. Jones, le sugiero que tenga cuidado con lo que dice y hace. Si se atreve a entrometerse de nuevo en los asuntos privados del Sr. Wilson y la Sra. Wilson, nuestro equipo legal estará encantado de tener una charla cara a cara con usted. Sin pensarlo dos veces, Xavier colgó.
Donn, lleno de sí mismo, había dejado el teléfono en altavoz. Ahora, todos en la oficina habían oído cómo le habían puesto en su sitio.
Se sonrojó de vergüenza, pero se esforzó por mantener su actitud autoritaria. Murmuró una débil excusa y se escabulló a su oficina, sintiéndose completamente derrotado.
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Helena no sintió ni una pizca de satisfacción al ver a Donn humillado.
Sus pensamientos estaban completamente ocupados por Alden. El trabajo que antes le gustaba ahora le parecía una carga que solo soportaba porque no tenía otra opción.
Cuando por fin terminó su jornada laboral, Helena salió arrastrando los pies de la oficina, con cada paso lastrado por el cansancio. Al llegar al aparcamiento y abrir la puerta de su coche, se quedó paralizada. Una figura alta estaba sentada dentro.
—¡Alden! —exclamó Helena, sin poder evitar que el nombre se le escapara, bajando la guardia por un instante.
Pero entonces…
—Lo siento, no soy él.
Darío levantó la cabeza y sus rasgos llamativos captaron la tenue luz en la penumbra.
Al ver lo vulnerable que estaba Helena, decidió no bromear esta vez. Con tono serio, dijo: «Hay gente observándote cerca, así que tuve que meterme en tu coche. Espero que no te importe».
Helena, aún sumida en su propia decepción, asintió distraídamente y se sentó en el asiento del conductor.
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