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Capítulo 431:
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Hasta ahora, todo había ido sobre ruedas, ¿qué había sido lo que lo había descarrilado de repente?
«¿Qué está pasando? ¿Es grave?», insistió Helena, frunciendo el ceño con preocupación.
Xavier dudó, eligiendo cuidadosamente sus palabras. —Algunos de los creadores veteranos del programa han empezado a hablar. Unos cuantos se quejan de que las instalaciones no cumplen con los estándares prometidos. Otros están lanzando vagas insinuaciones a sus seguidores, sugiriendo que se les está obligando a promocionar patrocinadores falsos. Y algunos… algunos acusan abiertamente al Sr. Wilson de conducta indebida. Su reputación está sufriendo un duro golpe.
Con cada revelación, la expresión de Helena se ensombrecía. Todas las quejas, todas las acusaciones, apuntaban directamente a Star Wish Investments.
¿Y si el proyecto se derrumbaba bajo la presión? El Grupo Harrison saldría ileso, posiblemente incluso cobrando una cuantiosa indemnización de Star Wish.
La idea provocó un escalofrío en el estómago de Helena. No podía quitarse de la cabeza la sensación de que alguien del Grupo Harrison estaba moviendo los hilos.
Las palabras de Liliana del otro día resonaban en su mente, provocándole un escalofrío.
¿Podrían Natalie y Kareem llegar tan lejos solo para reforzar su control sobre ella?
¿Era ese su castigo por negarse a renunciar a su trabajo y seguir sus planes? ¿Estaban desmantelando todo lo que había construido solo para obligarla a volver?
Helena dudó durante lo que le pareció una eternidad antes de decidir llamar a Natalie y aclarar las cosas. No le parecía bien sacar conclusiones precipitadas sobre su madre sin pruebas sólidas.
Pero cuando alguien finalmente contestó el teléfono, no era Natalie, sino Liliana.
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—¿Helena? Mamá no se encuentra muy bien y ya se ha acostado. A menos que sea algo urgente, ¿por qué no la dejas dormir?
La preocupación inundó a Helena, apartando por completo el proyecto de sus pensamientos. Preguntó rápidamente: «¿Es grave? ¿Tengo que volver ahora mismo?».
«Eh…», Liliana se detuvo, claramente sin saber qué decir. El silencio se prolongó mientras buscaba la forma adecuada de explicarlo.
Helena sintió que se le oprimía el pecho por la creciente preocupación. «¿Qué pasa? ¿Está mamá gravemente enferma?».
—¡No, no! No es nada grave —respondió Liliana apresuradamente, tratando de calmarla. Luego su voz vaciló, como si estuviera caminando sobre cáscaras de huevo—. Es solo que… se puso enferma porque estaba muy molesta porque te negaste a dejar tu trabajo. Me preocupa que si apareces ahora, solo la alteres más, y eso podría empeorar las cosas.
Helena apretó el teléfono con más fuerza, con la mente llena de culpa, confusión y dudas. Se detuvo un momento, indecisa. Luego dijo en voz baja: «Cuida de mamá. Iré en otro momento».
Cuando terminó la llamada, una lenta sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Liliana.
En ese momento, Natalie entró corriendo desde el jardín. —¿Era mi teléfono? ¿Era Helena?
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