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Capítulo 424:
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Espera… ¿Huh-lenna?
Un instante después, lo comprendió.
La anestesia había confundido el habla de Alden y, de alguna manera, «Helena» se había convertido en «Huh-lenna».
«Así que ahora soy Huh-lenna, ¿eh?».
Ella se rió, tocando la imagen de Alden con un puchero juguetón, con una voz entre burlona y cariñosa. Pero una vez que la risa se desvaneció, un dolor silencioso ocupó su lugar. No había estado allí cuando él más la necesitaba. Esa verdad se instaló pesadamente en su pecho.
De fondo, las noticias de la noche resonaban en la televisión de su habitación.
Cuando Helena levantó la vista, sus ojos se posaron en la presentadora sustituta, que leía las noticias con torpeza, con la voz temblorosa y la postura insegura.
Algo dentro de ella volvió a cobrar vida de repente. Un fuego que no había sentido en días.
Alden había hecho ese viaje a Corland solo, enfrentándose al estrés y a la distancia, solo para no ser un obstáculo en su carrera.
Y, sin embargo, ¿qué había hecho ella a cambio?
Había dejado que el estrés de la operación lo desmoronara, dándole a Donn la oportunidad perfecta para manipularla.
Eso tenía que acabar.
No iba a permitir que esto continuara ni un segundo más.
Helena miró el vídeo de Alden, aún débil pero respirando, y su determinación se endureció.
Lucharía contra Donn y recuperaría lo que era suyo. Porque esa era la única manera de honrar verdaderamente los sacrificios de Alden y demostrar que seguía siendo digna de todo lo que él creía.
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A la mañana siguiente, en cuanto Helena entró en la cadena de televisión, se dirigió directamente a la oficina de Donn.
Donn no levantó la vista de su trabajo. Su voz era tan fría que helaba la habitación. —¿Has terminado el informe de la entrevista de ayer?
Normalmente, los periodistas disponían de todo el día para pulir y perfeccionar sus informes de entrevistas. Pedirle el artículo menos de veinticuatro horas después era, evidentemente, una forma de presionarla.
—Sí, está terminado.
Para sorpresa de Donn, Helena no puso excusas. Sin decir nada más, dejó una copia limpia y nítida del informe de la entrevista sobre su escritorio.
Él frunció ligeramente el ceño mientras cogía las páginas y comenzaba a leer. Con cada frase que pasaba, el pliegue entre sus cejas se hacía más pronunciado.
El comienzo pintaba un panorama equilibrado de la bodega, mencionando su amplia distribución, su decoración de buen gusto y la variedad de vinos disponibles. Pero después, Helena dio un giro brusco y se centró en los problemas de la dirección.
Describió abiertamente el comportamiento desagradable de Terry hacia ella e incluso incluyó su nombre sin andarse con rodeos.
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