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Capítulo 394:
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Su tono transmitía la elegancia de alguien que sabía reconocer sus errores, dejando a Natalie momentáneamente sin palabras.
Aun así, a pesar de la disculpa, tanto ella como Kareem permanecieron impasibles. Ninguno de los dos dijo una palabra, simplemente asintieron con la cabeza, con un silencio cargado de juicio.
La conversación siguió durante un rato en la sala de estar, hasta que el mayordomo anunció que el almuerzo estaba servido.
Un plato en particular, gambas con una salsa rica y sabrosa, resultó ser el favorito de Helena. Ella se apresuró a servirse un segundo plato, pero Alden le interceptó la mano con delicadeza.
El cambio en el estado de ánimo de Natalie fue inmediato. Su expresión se ensombreció en un instante.
Perpleja, Helena miró a Alden.
Con una sonrisa suave y apologética, Alden se inclinó hacia ella. «Ayer estabas tosiendo, ¿recuerdas? Esta salsa puede ser demasiado pesada. ¿Quizás solo una pieza?».
Cuando Natalie escuchó su suave explicación, su ceño fruncido se suavizó ligeramente, e incluso la postura de Kareem se relajó.
Albert, que había estado observando en silencio, se fijó en la sutil atención de Alden y empezó a verlo con otros ojos. Aun así, Helena no pudo evitar poner morros.
«¡Pero si me gusta mucho!», protestó.
Alden se limitó a sonreír, con una expresión tierna, como si estuviera complaciendo la inofensiva rebeldía de una niña. Tomó un vaso de agua, enjuagó suavemente el camarón bañado en salsa para suavizar su intensidad y lo colocó delicadamente en el plato de ella.
«Toma, prueba esto».
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Ese pequeño y considerado gesto pareció derretir el último resto de resentimiento de Albert, que sutilmente cambió su postura hacia la aceptación.
«Helena, toma en serio el consejo de Alden», la regañó Albert. «No dejes que tu apetito comprometa tu salud».
Luego, volviéndose con una sonrisa, utilizó la cuchara para servirle algo de comida a Alden.
—No te preocupes solo por ella. Asegúrate de comer algo tú también.
El gesto tomó completamente por sorpresa a Alden. Desde la pérdida de su madre, y aparte de su abuela, nadie lo había tratado como a un miembro de la familia.
En ese momento, algo desconocido pero profundamente reconfortante se instaló en su pecho, como si se hubiera abierto silenciosamente la puerta de un hogar perdido hace mucho tiempo.
Una vez terminada la cena, Natalie sugirió hábilmente dar un paseo por el jardín con el pretexto de ver las flores recién plantadas. Sin embargo, su verdadera intención era hablar en privado con Alden.
—Sobre la apuesta que hicimos antes… —comenzó Alden.
Pero Natalie levantó una mano, silenciándolo con determinación. —Dado que Helena te ha acogido claramente en su mundo, no sería tan cruel como para exigirte que cumplieras una promesa a costa de tu salud.
Durante semanas, había estado observando desde un segundo plano, siguiendo cada movimiento estratégico de Alden mientras maniobraba para absorber el Grupo Wilson.
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