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Capítulo 386:
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—Está bien —murmuró. Bajó la cabeza y apoyó el rostro en el hombro de Helena. Por fin, hizo una promesa en voz baja—. Me iré al extranjero para operarme tan pronto como pueda.
—¿De verdad? —El rostro de Helena se iluminó al mirarlo, con los ojos brillantes de alegría.
Ahora que había tomado la decisión, Alden se sintió invadido por una calma que lo envolvió como una cálida manta.
Le dedicó a Helena una suave sonrisa y le habló con tranquila confianza. —Mañana a primera hora empezaré a hacer planes. Y si crees que voy a echarme atrás, quédate cerca y asegúrate de que lo cumplo.
Helena mantuvo la mirada fija en Alden durante unos instantes, tratando de averiguar si decía la verdad. Entonces, de repente, se arrojó a sus brazos y lo besó con todo su ser.
Esa repentina chispa de valentía encendió en Alden un fuego que no esperaba.
En poco tiempo, los dos estaban enredados, abrazándose como si no hubiera un mañana.
La luz de la luna se derramaba en el exterior como una suave cortina, y en el interior, la habitación brillaba con una luz suave y onírica.
Después, se tumbaron uno al lado del otro en la cama, sintiendo como si la luz de la luna los hubiera elevado hasta las estrellas.
Sus dedos permanecían entrelazados, negándose a soltarse. En medio del silencio, Alden soltó una risita que se le escapó antes de poder evitarlo.
«¿Qué te hace tanta gracia?», preguntó Helena con voz suave y pausada, llena de la dulce calma que seguía a sus momentos juntos.
«Estaba pensando en algo… Hace meses, dejé el aire acondicionado estropeado a propósito, solo para tener una excusa para quedarme en la misma habitación que tú».
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Después de un rato, Alden lo dijo sin pestañear, sin mostrar el más mínimo atisbo de vergüenza.
Helena, sin embargo, se enderezó de un salto, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. —Espera, ¿lo hiciste a propósito?
Alden se limitó a sonreír y mantuvo los labios sellados.
A medio camino entre la risa y la irritación, Helena le dio un empujón juguetón. —¡Siempre pensé que eras un tipo recto!
¿Quién hubiera imaginado que alguien tan rígido y correcto haría una travesura así?
Alden siguió sonriendo con su aire relajado. Mientras Helena seguía diciéndole lo que pensaba, algo hizo clic en su mente. Su voz se iluminó cuando preguntó: «Espera, ¿estás recuperando la memoria? ¿Qué más recuerdas?».
«Me están volviendo fragmentos. El resto sigue siendo una neblina», respondió Alden con naturalidad.
Con todo yendo tan bien entre él y Helena, no sentía la necesidad de obsesionarse con lo que había olvidado.
Una pizca de tristeza atravesó a Helena, pero se mantuvo esperanzada. «¡Eso es maravilloso! Si estás recuperando algo, el resto vendrá solo. Algún día lo recuperarás todo».
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