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Capítulo 334:
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No quería involucrar a sus colegas en esto, y tampoco quería que la familia Harrison se desviviera por ella.
Darío se dio cuenta de sus preocupaciones y le dedicó una sonrisa tranquilizadora. —Lo que necesitas no es nada para la familia Harrison. Es una gota en el océano, sinceramente, no es algo por lo que debas preocuparte. Además, tus padres ya sienten que te deben mucho. Cuanto más les pidas, menos culpa se sentirán. Al dejarles echarte una mano, en realidad les estás haciendo un favor.
Su razonamiento convenció a Helena. La pesadez que sentía en el corazón finalmente se disipó y asintió con la cabeza.
El día del banquete, Dario, que también tenía pase de prensa, acompañó a Helena al entrar en el elegante salón.
El banquete solo reunió a las personas más poderosas de la comunidad empresarial de Cheson.
Nada más entrar, fueron recibidos por una multitud de hombres y mujeres elegantemente vestidos, que levantaban sus copas y participaban en animadas conversaciones. El ambiente estaba animado por el murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas, y todos los asistentes irradiaban sofisticación y encanto.
Sin embargo, los verdaderos protagonistas eran Alden y Eleanino, el centro de atención de la noche.
Alden, vestido con un traje que le quedaba a la perfección, destacaba fácilmente entre la multitud: elegante, sereno y llamativo en todos los sentidos.
Eleanino llevaba un impresionante vestido negro que se ceñía a sus curvas, irradiando un aura de elegancia y confianza.
Muchos de los hombres presentes en la sala se sintieron cautivados por su presencia.
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Pero para Helena, ver a Eleanino le provocó una profunda tristeza. Ya le había enviado a Alden el vídeo que demostraba cómo Eleanino había orquestado el incidente de la escalera mecánica.
Alden entendía perfectamente lo que había hecho Eleanino, pero aun así la había llevado al banquete, permitiéndole estar a su lado mientras recibían a los invitados.
Era obvio que no tenía intención de hacer responsable a Eleanino de sus actos. ¿Estaba defendiendo a la vicepresidenta por motivos de negocios o se trataba de algo más personal? En cualquier caso, a Helena le dolió profundamente.
Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron dolorosamente en las palmas. Darío notó que algo iba mal y se inclinó hacia ella para susurrarle palabras de ánimo.
—Tranquila. Recuerda por qué estamos aquí.
Helena asintió con la cabeza e inhaló profundamente para recuperar la compostura.
Ninguno de los dos se dio cuenta, pero Alden presenció todo el intercambio, la forma en que se inclinaron para susurrarse al oído.
Alden sostenía su copa de vino tinto con soltura, irradiando un encanto natural mientras se movía entre la multitud.
Pero en el momento en que Helena entró en la sala, todo —su calma, su aplomo— se hizo añicos bajo la superficie. Su mirada se clavó en ella y se negó a moverse. Llevaba un vestido blanco que se ceñía a ella como la luz de la luna, elegante en su sencillez y despiadado en la forma en que acentuaba cada una de sus curvas.
No entró simplemente, llegó, una visión que dejó sin aliento a todos los presentes. A él, sobre todo.
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