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Capítulo 325:
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Cuando se refirió a sí misma como «Nyno», una avalancha de recuerdos le invadió: pudo ver a aquella niña pequeña y magullada de hacía años, desplomándose en sus brazos como una muñeca frágil.
Sin dudarlo, corrió al hospital.
Finalmente, encontró a Eleanino en el baño. Parecía un desastre: tenía la ropa desaliñada y los hombros pálidos marcados con moratones rojos y morados.
Alden abrió los ojos con sorpresa. Cuando Eleanino se arrojó a sus brazos, todavía llorando, él instintivamente trató de mantenerla a distancia. —¿Tú… tú crees que soy sucia?
Sus sollozos se hicieron más entrecortados. Alden respiró hondo, se quitó la chaqueta del traje y se la colocó con delicadeza sobre los hombros.
—No es culpa tuya —la consoló. «¿Estás herida?».
Eleanino siguió sollozando y negando con la cabeza con vehemencia. «Alden, por favor, no culpes a Helena y no intentes enfrentarte a ella por mi culpa. Ella… es la heredera de la familia Harrison. Star Wish Investments ya tiene problemas y su reputación está mancillada. Si te enfrentas a los Harrison ahora, las cosas solo empeorarán».
Tenía los ojos hinchados y enrojecidos, lo que la hacía parecer frágil y vulnerable.
Alden la sujetó mientras salían. Frunció ligeramente el ceño al oír lo que ella había dicho. —¿De verdad fue Helena quien hizo esto? O…
Antes de que pudiera preguntar si se trataba de algún malentendido, Helena salió del ascensor, tras terminar su visita.
En cuanto Eleanino la vio, retrocedió bruscamente y se escondió detrás de Alden. Alden se detuvo y dudó un momento, pero se colocó delante de ella, actuando como un escudo.
La imagen hizo que el corazón de Helena se encogiera de angustia.
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Cuando era solo una niña y había sucedido algo terrible, Alden le había soltado la mano.
Pero ahora estaba protegiendo a otra mujer con todas sus fuerzas.
Helena llevaba mucho tiempo creyendo que había superado su abandono. Sin embargo, ahora los sentimientos de resentimiento y tristeza la invadieron como una ola tóxica, dejándola entumecida.
Alden, sin embargo, la miró fijamente y le preguntó: «¿No vas a darme una explicación?».
Helena miró a Eleanino y comprendió rápidamente la situación.
Soltó una risa áspera y sarcástica. —Ya has decidido que soy culpable, ¿verdad, señor Wilson? Entonces, ¿qué sentido tiene explicarme?
—Tú…
Alden siguió mirándola fijamente y un punzante dolor le oprimía el corazón.
Alden no podía aceptarlo. La idea de que Helena pudiera tratar a otra mujer como había tratado a Nyno era simplemente inaceptable. No quería ni siquiera considerar la más mínima posibilidad de que eso ocurriera.
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