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Capítulo 309:
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«¿Te pones de su parte?», replicó ella, perdiendo la compostura. La emoción temblaba en su voz. «¡Te has olvidado de ella, ahora no es más que una desconocida! ¿Cómo puedes cuestionarme a mí, alguien a quien conoces desde hace casi diez años, por ella?».
Los ojos de Eleanino, llenos de lágrimas, se clavaron en Alden.
Un recuerdo lejano de una joven Eleanino pasó por la mente de Alden: su delicado rostro hacía que sus ojos parecieran más grandes. A pesar de los años, su conexión perduraba. Con un suspiro, la voz de Alden se volvió más tierna y el tono frío se desvaneció.
—No estoy de su parte. Solo te estoy advirtiendo que no aproveches mi pérdida de memoria ni sobrepases los límites.
—¿Qué límites he sobrepasado? —preguntó Eleanino con la voz quebrada.
Alden fue directo al grano. —Has dejado que todos crean que eres mi esposa, y eso no me parece bien.
Se inclinó ligeramente hacia delante, con voz firme pero tranquila. «Los dos sabemos que solo hay una persona destinada a ser mi esposa. Esa persona es Nyno».
«¡Nyno, Nyno, siempre es ella!». Eleanino finalmente perdió el control. Su voz se quebró, cargada de años de añoranza y dolor. «¿Por qué no me ves? Yo también soy Nyno, la que se quedó a tu lado, la que te cuidó todo este tiempo».
Alden exhaló lentamente, con el suspiro de alguien que intenta no perder la paciencia con alguien a quien realmente quiere. Su tono transmitía tanto amabilidad como decepción.
«Eleanino, tú no eres la sombra de nadie. Tienes tu propio valor. No deberías tener que rebajarte para ocupar el lugar de otra persona. Ninguna mujer debería hacerlo. Y sé, en el fondo, que la Nyno que yo conocía nunca renunciaría a su orgullo de esa manera.En medio de sus palabras, una imagen pasó por su mente. Era Helena. Era la heredera de la familia Harrison, pero nunca se había aprovechado de su origen. Estaba dispuesta a trabajar en primera línea de la industria de los medios de comunicación. Incluso cuando su matrimonio se desmoronaba, se mantuvo profesional. No se derrumbó. Mientras hablaba del divorcio, se había asegurado de conseguir una entrevista exclusiva.
Ese pensamiento inquietó a Alden.
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Sacudió ligeramente la cabeza, como si intentara quitarse el agua de los oídos. No quería pensar en Helena. No ahora.
Mientras tanto, Eleanino permanecía inmóvil, apretando los dientes con cada frase que él pronunciaba.
Al final, su mirada era aguda y salvaje. Lo que antes era un desengaño se había convertido en algo más oscuro, algo que hervía con desesperación y rabia.
Una larga respiración la tranquilizó. Una vez que la tensión se alivió, miró a Alden a los ojos y dijo con voz ronca: «Gracias por sacarme de ahí. Por fin entiendo lo que tengo que hacer».
Alden sintió un gran alivio. Asintió con la cabeza, contento de que la tormenta pareciera haber pasado.
Sus labios esbozaron una leve sonrisa amarga. «¿Crees que seguiremos siendo amigos? ¿Seguiremos trabajando bien juntos?».
«Por supuesto».
Alden la había visto crecer. Por mucho que las cosas se torcieran entre ellos, nunca quería verla sufrir demasiado.
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