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Capítulo 307:
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Antes de que pudiera terminar, Alden la interrumpió con voz gélida: «El comportamiento de Eleanino ha cruzado la línea en algunas ocasiones. Me aseguraré de que se comporte. En cuanto a los supuestos beneficios del acuerdo de divorcio, son tentadores, sí, pero no me interesa sacar provecho de la fortuna de una mujer. Rechazo este acuerdo. Redacta uno justo y volveremos a hablar».
Dijo «volveremos a hablar» con tanta naturalidad, como si la negociación acabara de empezar.
Helena captó el sutil cambio. Se levantó bruscamente y, acercándose con sus rasgos delicados, esbozó una sonrisa burlona. —¿Ah, sí? ¿La próxima vez negociará usted personalmente conmigo, en lugar de hacerme concertar una cita con su secretaria?
El aire transportaba el suave y fragante aliento de Helena, cuyo aroma se extendía por todos los rincones y envolvía a Alden sin dejarle escapar.
Sin pensar, contuvo la respiración, como si se estuviera preparando para resistir una tentación demasiado fuerte.
Helena notó la tensión que se apoderaba de su rostro, pero en lugar de retroceder, se inclinó hacia él con una sonrisa aún más brillante.
—Sr. Wilson, seguro que ya se ha dado cuenta. Es curioso: esta vez, cuando ha mencionado que volveríamos a vernos, no ha sonado tan reacio como antes.
Lo único que espero es que podamos terminar en buenos términos, sin rencor…».
Alden soltó las palabras rápidamente, pero Helena replicó suavemente, con voz sedosa: «¿Estás seguro de que eso es lo que quieres? Desde mi punto de vista, casi parecía que estabas deseando volver a verme. ¿Podría ser que todo este tema del divorcio sea solo una excusa para volver conmigo?».
Aunque su tono era burlón, no había nada juguetón en su postura. Se mantenía de pie con dignidad, tranquila e inmóvil. A pesar de que hablaba como una mujer que derribaba muros, no había nada seductor en ella, solo la calma y la calidez de alguien que por fin revelaba la verdad.
Con cada respiración, Alden apretaba los puños y su corazón latía con fuerza en su pecho, salvaje e inestable.
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Odiaba que sus palabras fueran ciertas. Pero negarlas ahora le parecía imposible. Las uñas se le clavaron en la piel de las palmas. Recurrió a cada gramo de culpa que sentía por Nyno y lo utilizó como armadura para protegerse del encanto de Helena.
—¡Está muy segura de sí misma, señorita Ellis! —Alden apretó los dientes y se obligó a hablar con tono duro.
Las venas de sus manos se marcaban claramente. Helena bajó la mirada y se fijó en ellas.
Para ella estaba claro: sus palabras no se correspondían con lo que realmente sentía.
Y, en el fondo, podía ver que se estaba esforzando por concentrarse en Nyno. Se le encogió el pecho, no por ella, sino por el peso que él llevaba. Pero mantuvo la verdad bien escondida en su interior.
Valeria le había explicado una vez que, cuando se trataba de pérdida de memoria, lo mejor era ser delicado, dejar que la persona encontrara el camino por sí misma. Intentar forzar esos recuerdos…
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