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Capítulo 273:
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Dorian, ansioso por no alarmar a Valeria con su agitación, se levantó rápidamente y salió del restaurante.
—¡Dorian, espera! —gritó Eleanino.
Agarró la chaqueta que él había olvidado y salió corriendo tras él.
En el aparcamiento, le entregó la chaqueta, recuperando el aliento. —¿Esa mujer no es amiga de Helena? La he visto en fotos con Helena en Internet». Cuando Dorian permaneció en silencio, Eleanino se rió con sarcasmo y dijo: «¿Qué pasa con ella? ¿Está intentando seducir a Leonino y romperte el corazón al mismo tiempo?». Sin esperar su respuesta, Eleanino hizo su propia suposición y dijo: «Si Helena se relaciona con alguien tan engañosa, ¡ella no es mejor!».
De repente, Dorian se dirigió a ella formalmente. —¡Eleanino Haynes!
Sorprendida por su tono formal, Eleanino escuchó mientras él le decía con severidad: —No te metas en los asuntos de Helena o pondrás en peligro tu amistad con Alden.
«Oh, ¿cuánto tiempo llevan juntos? ¿Y cuánto tiempo hace que conozco a Alden?». Tras una breve pausa, añadió con desdén: «Además, yo le soy útil a Alden en el trabajo. ¿Qué podría ofrecerle Helena, que no es más que una periodista de poca monta? Sé que ocupo un lugar especial en la vida de Alden, pase lo que pase».
Dorian suspiró ante su confianza. Luego reflexionó sobre sus propias experiencias. Él también solía pensar que era especial para Valeria.
¿Pero cuál era la realidad?
Comprendiendo la decepción mutua, miró a Eleanino y le dio un último consejo. «En la vida de Alden, Helena es la mujer que realmente importa».
Su tono sincero hizo que a Eleanino le resultara difícil descartar por completo sus palabras. Sin embargo, en el fondo, el resentimiento se acumulaba mientras apretaba los dientes.
Mientras tanto, dentro del restaurante, Valeria permanecía inmóvil, con el recuerdo de aquel beso dando vueltas en su mente como un disco rayado.
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Cuando los labios de Leonino se encontraron con los suyos, lo único que quería era resistirse. Sin embargo, antes de eso, estaba la noche que pasó con Dorian.
Había sucedido tan de repente. Ella seguía insistiendo en que no era nada serio, solo que le había ayudado porque lo necesitaba. A él lo habían drogado y ella había intervenido. Esa era la historia que se contaba a sí misma.
Hoy en día, una aventura de una noche entre dos adultos no debería importar tanto, o al menos eso era lo que ella intentaba creer.
Pero ahora, Valeria finalmente veía lo diferente que era Dorian del resto. Lo que más la había sorprendido era que no se había apartado de él, ni siquiera un poco.
Como psicóloga, entendía perfectamente lo que eso significaba.
Apretó los ojos con fuerza, tratando de apartar ese pensamiento. Cuando la tranquila disculpa de Leonino rompió el silencio, los volvió a abrir y se encontró con la mirada de él. —No pasa nada. Me sorprendiste, pero… de una forma extraña, me ayudó a aclarar las cosas.
Los rasgos atractivos de Leonino se tensaron, como si ya supiera lo que iba a decir. Y lo sabía. Porque ella añadió, con voz suave pero firme: —Tenías razón. He estado pensando en Dorian. Él significa algo para mí».
«¿Te importaría decirme por qué?».
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