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Capítulo 265:
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Alden volvió en sí y se centró en el momento. Soltó una risa baja y amarga.
—Si tienes algo que decir, ven a Star Wish Investments. El lunes por la mañana. Si no apareces, no volverás a poner un pie en mi empresa.
«¿Vas a darle la espalda a tu propia madre? ¿Cómo puedes…?».
El cebo de Rylan no surtió efecto y este estalló de furia.
Pero la llamada ya había terminado: Alden había colgado sin decir una palabra.
Con un rugido, Rylan lanzó el teléfono al otro lado de la habitación y golpeó con el puño su pierna herida, apretando los dientes con fuerza para soportar el dolor.
Alden bajó el brazo con lenta precisión, sus movimientos firmes enmascarando el caos que ardía en su interior. En un juego como este, ceder el control demasiado pronto significaba perderlo todo. Si quería mantenerse por delante de Rylan, no podía vacilar, ni siquiera por un segundo.
Pero aquella llamada había sacudido algo dentro de él.
Su madre…
¿Era realmente posible que viera sus restos?
Alden cerró los ojos, estabilizándose bajo el peso repentino de todo aquello. Cuando los abrió, su mirada se había endurecido con determinación.
Marcó el número de Xavier, le dio unas breves instrucciones, respiró hondo y volvió al salón para enfrentarse a Helena.
—¿Quién te ha llamado? —preguntó ella, con el ceño fruncido por la preocupación.
Él dejó el teléfono como si no significara nada. —Solo el trabajo. Nada importante.
Su rostro tranquilo no le dio motivos para insistir, así que lo dejó pasar.
El lunes llegó rápidamente.
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Maisie empujó la silla de Rylan a través de las puertas de cristal de Star Wish Investments, justo a la hora prevista. Un asistente los condujo a la última planta, donde Alden esperaba en la oficina del director general, hojeando tranquilamente un expediente.
Llevaba un traje elegante, de tela limpia y planchada, y cruzaba una pierna sobre la otra con una naturalidad que hacía que la habitación pareciera más pequeña a su alrededor.
Rylan bajó la mirada hacia esas piernas, fuertes y sanas, y algo amargo se le formó en la boca mientras apretaba los dientes y clavaba los dedos en el reposabrazos.
Alden no dijo ni una palabra. Se sentó con tranquila indiferencia, dejando que el silencio se apoderara de la madre y el hijo. Maisie fue la primera en romperlo.
—Si sigues jugando así, Alden, te irás con las manos vacías.
—¿Ah, sí? ¿De verdad piensas entregarlo?
Alden finalmente dejó a un lado el documento, con una leve sonrisa burlona en los labios. Se comportaba como si el resultado ya estuviera en su bolsillo.
Rylan no se inmutó. Apretó la mandíbula y respondió: —Todo tiene un precio. Llevas suficiente tiempo en este juego como para saberlo».
«¿Y qué tengo que perder exactamente para conseguir lo que quiero?».
El brillo en los ojos de Rylan se agudizó: Alden había caído por fin en la trampa. «No te pido mucho. Solo devuélveme el Wilson Group».
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