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Capítulo 257:
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Alden revisó algunos papeles, con la mente muy lejos de las palabras que había en las páginas.
Con sus recursos, conseguirle a Helena un puesto en una cadena pequeña como Genie TV era pan comido: podría comprar toda la cadena y regalársela sin pestañear. Pero Alden sabía que eso no era lo que Helena quería. Ella estaba decidida a labrarse su propio camino hacia sus sueños.
Por mucho que le doliera verla luchar, tenía que respetar su decisión.
Echando un vistazo al salón, Alden le murmuró a Xavier: «He dejado de entrometerme en lo que ella no quiere».
En su corazón, añadió: «Aunque sea por su bien».
Durante todo el día, Helena tuvo la mente ocupada con pensamientos sobre Genie TV. Al anochecer, supo que no podía seguir dando vueltas al asunto, así que entró en la cocina con la esperanza de preparar algo para comer y aclarar sus ideas.
Cuando estaba a mitad de freír el pescado crujiente favorito de Alden, sonó su teléfono.
Con las manos aún sucias, Helena lo cogió. Como esperaba, era la directora de recursos humanos de Genie TV. «¡Señorita Helena Ellis, enhorabuena! Ha superado todas las fases del proceso de selección. ¿Puede empezar este lunes?».
—¡Por supuesto, perfecto! —La voz de Helena rebosaba de alegría incontenible. El director de Recursos Humanos, cálido y alegre, le enumeró los documentos que necesitaría y le dio algunos consejos para su primer día.
Helena escuchó con atención cada palabra, olvidándose por completo del pescado que se freía en la sartén. Cuando terminó la llamada, se dio la vuelta, radiante, pero su sonrisa se desvaneció.
¡La sartén estaba en llamas!
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Con el corazón a mil, Helena dejó caer el teléfono y se abalanzó hacia delante con la intención de apagar el gas. Pero las llamas rugían con más fuerza y el mando estaba ardiendo. En cuanto lo tocó, gritó de dolor.
—¿Helena?
—Su grito apenas resonó antes de que Alden entrara corriendo en la habitación. Temiendo que se quemara, Helena intentó apartarlo con un gesto de dolor. —No te acerques.
Yo me encargo…».
Sus palabras se vieron interrumpidas cuando una mano firme pero suave la tiró hacia atrás y se encontró a salvo detrás del amplio torso de Alden. Su imponente presencia la protegía completamente del resplandor del fuego. Contemplando su espalda, Helena sintió que una ola de calma la invadía.
Alden mantuvo la calma y apagó rápidamente la sartén para sofocar las llamas. Con un rápido movimiento, cerró el gas.
Ahora que la crisis había pasado, Helena finalmente exhaló un suspiro de alivio.
En un instante, Alden la sacó de la cocina. La sentó en el sofá y le atendió los dedos quemados con un toque ligero como una pluma.
—Conseguí el trabajo. ¿Te lo puedes creer?
La emoción de Helena volvió a brotar mientras le contaba la noticia. La respuesta de Alden fue extrañamente sutil.
—Te oí por teléfono.
Mantuvo la cabeza gacha, concentrado en untarle pomada en las quemaduras, sin que sus rasgos cincelados delataran nada.
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