✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 208:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Pero ese cruel punto de inflexión llegó mucho antes de lo que ella imaginaba. En el momento en que todo cambió, la infancia de Helena se desvaneció de su mente como el humo en el viento, y Albert la llevó a casa.
Justo cuando sentía que por fin había encontrado un lugar al que pertenecer, la tragedia la golpeó y se lo arrebató de nuevo.
Lo que siguió fue una larga temporada de supervivencia. De niña, debería haber sido despreocupada. En cambio, no solo soportó su propia carga, sino también la de su padre. De alguna manera, lo soportó todo. Se adaptó. Como una flor silvestre que brota entre piedras rotas, Helena siguió adelante y se convirtió en la mujer que era ahora.
Cuando por fin sus recuerdos se integraron, todo volvió con claridad, excepto un fragmento: lo que sucedió después de que aquellos hombres se la llevaran a rastras. Aun así, los recuerdos recuperados suavizaron algo muy profundo en su interior.
Llenaron los vacíos silenciosos de su pecho como la lluvia revive la tierra seca.
Cuando por fin abrió los ojos, el mundo parecía un poco menos borroso. Pero…
—¡Helena, menos mal que estás despierta!
¿Estás bien? ¿Llamo al médico?
Esas voces la alcanzaron en cuanto se movió. Eran dos. Ambas denotaban preocupación, pero había algo desconocido en ellas que la puso inmediatamente en guardia.
Parpadeando, se incorporó y observó a la pareja que estaba de pie junto a su cama de hospital. Iban muy bien vestidos, eran elegantes y, sin duda, ricos.
—No quiero ser grosera, pero ¿podrían decirme quiénes son? —preguntó Helena, sentándose con una expresión de inquietud.
—Nosotros… nosotros somos… —dijo la mujer, aunque su voz temblaba, como si las palabras se le atragantaran al salir.
Visita ahora ɴσνєʟα𝓼4ƒ𝒶𝓷.c○𝓂 de acceso rápido
A pesar de su porte y su belleza, había algo en su expresión que flaqueaba. Una tranquila preocupación bailaba detrás de sus ojos, algo extraño y fuera de lugar en alguien que parecía tan segura de todo lo demás.
Había algo en el rostro de la mujer que le traía recuerdos a Helena, algo que no conseguía identificar.
Pero antes de que tuviera tiempo de averiguarlo, el hombre se acercó, tomó la mano de la mujer y la detuvo con un toque suave. —Natalie, quizá no deberíamos decir nada todavía. Démosle un poco más de tiempo a Helena.
El tiempo había tallado profundas arrugas en el rostro del hombre, pero la fuerza de sus rasgos no se había desvanecido. Era fácil imaginar lo impresionante que debía de haber sido en su juventud.
Aunque su voz transmitía una tranquilidad serena, resonó en la mente de Helena como un trueno.
Desde su conversación con Darío, algo inquebrantable, en parte curiosidad y en parte instinto, la había impulsado a averiguar más sobre la familia Harrison. Entre los nombres que había encontrado, uno destacaba: Natalie Harrison. Aquella cuya historia de amor con Kareem Gibson se había convertido en una leyenda romántica. Contra todo pronóstico, habían logrado salir adelante y construir una vida juntos.
Natalie Harrison.
Allí, delante de ella, estaba la mujer que le había dado la vida. Y el hombre a su lado, alto, sereno, imponente, era sin duda Kareem.
Las emociones de Helena se dispersaron en todas direcciones. Una tormenta de confusión e incredulidad se agitaba en su pecho. Una parte de ella quería seguir sus rostros con la mirada, buscando fragmentos de sí misma en ellos. Pero otra parte, la más fuerte, no se atrevía a sostener su mirada.
.
.
.