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Capítulo 389:
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Escuché con gran atención, con la mano instintivamente apoyada en mi vientre ligeramente redondeado. Una mezcla de confusión y ansiedad bullía en mi interior.
Prepararme para este niño, especialmente con los riesgos que se cernían sobre mi salud, me abrumaba.
Sin embargo, la idea de que este niño pudiera ser mi único pariente consanguíneo vivo me dejaba en un dilema sobre si tenerlo o no.
«Alteza».
El respetuoso y sorprendido saludo del instructor me sacó de mis pensamientos.
Levanté la vista, sorprendida, y vi a Bryan entrando en el aula. ¿Qué hacía allí?
Me quedé boquiabierta cuando Bryan se acercó y se sentó a mi lado sin ceremonias. «Como padre, sabiendo que estás asistiendo a este curso, sentí que era mi deber supervisarlo», dijo con naturalidad.
Puse los ojos en blanco ante su indiferencia.
El instructor, nervioso por la inesperada presencia de Bryan, se apresuró a dar la clase, claramente ansioso por no cometer ningún error.
A pesar de mis esfuerzos por concentrarme, la mera presencia de Bryan era como un peso invisible que me oprimía, imposible de ignorar.
No tardó mucho en meter la mano debajo de la mesa y empezar a acariciar mi mano.
Di un respingo e intenté apartarme instintivamente, pero Bryan me sujetaba con fuerza.
«¿Cómo te encuentras últimamente?», me susurró al oído.
Le respondí secamente: «Gracias a ti, todavía no estoy muerta».
Su rostro se ensombreció y me reprendió: «Intenta hablar de forma más positiva».
Resoplé, decidiendo ignorarlo.
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Bryan extendió lentamente la mano hacia mi abdomen y lo acarició con una delicadeza que suavizó su voz. «Es increíble pensar que hay una pequeña vida creciendo dentro de ti».
Mis mejillas se sonrojaron con una mezcla de timidez e irritación. ¿Cómo podía Bryan ser tan descarado delante del instructor? Intenté empujarlo para crear algo de distancia, pero él fue implacable y se acercó un poco más.
Sus cálidas manos comenzaron a vagar hacia mi pecho. Sus dedos trazaron delicados círculos y pellizcaron ocasionalmente, haciendo que mis pezones se endurecieran en respuesta. Bryan no mostró signos de detenerse y continuó provocándome.
La vergüenza y la ira me invadieron, y agarré desesperadamente su muñeca. Bryan parecía imperturbable, con voz burlona mientras se inclinaba hacia mí, su aliento cálido contra mi oído. Su otra mano se abrió camino hasta el espacio entre mis piernas, donde sus dedos exploraron con entusiasmo mi entrada, amasando mis labios con una mezcla de curiosidad y picardía.
Mi corazón se aceleró, casi fuera de control. «Mm… tú…», casi jadeé, con la voz entrecortada mientras intentaba advertirle: «¡Hay alguien más aquí!».
El aliento de Bryan me hizo cosquillas en la oreja mientras murmuraba, con una voz que mezclaba tentación y deseo: «Pero hace mucho que no te siento. Apenas puedo contenerme».
¡Smack!
Ese fue el punto de ruptura. Le aparté la mano con un movimiento rápido y decisivo. El seco golpe de la bofetada resonó en la habitación, haciendo que el instructor se detuviera en mitad de la clase.
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