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Capítulo 1231:
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«Makenna… Yo… He encontrado la pista…», susurró Alden, con una voz apenas audible. Con mano temblorosa, sacó de su pecho un antiguo manuscrito empapado en sangre.
Aunque la cubierta estaba empapada de rojo, la escritura del interior seguía siendo nítida y clara.
Cogí el manuscrito con las manos temblorosas, dividida entre el cuidado y el dolor.
«Alden, ¿cómo has podido llegar tan lejos? Tus heridas…».
Alden esbozó una sonrisa débil y triste. Su voz era un susurro ronco, pero tenía una suavidad que no pasaba desapercibida.
«Estas heridas no significan nada… Haré cualquier cosa por ti y por Marehelm».
Lo miré fijamente, con los ojos ardientes y las lágrimas a punto de caer. Apreté su mano con fuerza, con la voz cargada de emoción.
«Estás siendo un tonto. ¡Tu vida es más importante que cualquier otra cosa!».
Alden negó ligeramente con la cabeza, con la mirada ardiente de una férrea determinación.
«Makenna, si eso significa tu seguridad, lo arriesgaría todo».
No pude contenerme más. Las lágrimas resbalaron por mi rostro y cayeron sobre su mano temblorosa. Me sequé los ojos rápidamente, tratando de combatir la creciente ola de pánico. Forzando mi voz para que sonara firme, dije:
«Alden, ahorra fuerzas. Te llevaré al médico inmediatamente».
Volvió a negar con la cabeza, esbozando una leve sonrisa forzada. Su voz era poco más que un susurro, frágil y débil.
«Makenna, hay algo que debo decirte».
Me incliné hacia él, ladeando la cabeza para ver sus labios temblorosos.
«Makenna, te amo con todo mi corazón…».
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Las palabras me atravesaron el pecho como una espada. Me quedé paralizada, con las lágrimas brotando y cayendo sobre su pálida mejilla.
Pero entonces sus párpados se cerraron y su cuerpo se quedó flácido. En un instante, cayó inconsciente.
«¡Alden!», grité, abrazándolo con fuerza, con la voz quebrada por la desesperación y la impotencia. Las lágrimas brotaban incontrolablemente de mis ojos, cada una cargada de culpa y arrepentimiento.
«¡Todo es culpa mía! Nunca debí dejarte ir a por ese manuscrito…».
En ese momento, oí pasos detrás de mí. Giré la cabeza y vi a Dominic acercándose. Sus ojos se posaron en Alden y en mí, y su expresión se endureció. La sospecha y la irritación brillaban en su mirada.
—Makenna, ¿qué significa esto? —preguntó Dominic con voz fría y aguda, teñida de duda.
Levanté la vista, con la visión nublada por las lágrimas.
—Alden casi muere por nosotros —susurré. «Necesita un médico ahora mismo. Por favor, concéntrate en lo que importa».
Dominic se detuvo en seco. Su mirada finalmente se posó en Alden. Observó la armadura manchada de sangre y el profundo corte en su hombro. Su fría apariencia se resquebrajó de repente, dando paso a una gran conmoción.
«¿Cómo ha sucedido esto?».
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