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Capítulo 1205:
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Me dirigí sola hacia la torre de la puerta. Una vez allí, me paré al borde de la plataforma y contemplé la vasta vista del terreno. La cara de Paula no dejaba de aparecer en mi mente.
«Makenna». Una voz suave llegó desde detrás de mí.
Me di la vuelta y vi a Clayton caminando hacia mí.
Parecía preocupado, con una expresión tensa. Cuando se acercó, me rodeó suavemente los hombros con el brazo.
«Makenna, tenías razón. Esta era la única forma de advertir a los posibles traidores y evitar que Marehelm se desmoronara».
Asentí con la cabeza, pero mi corazón seguía hecho un nudo.
Clayton no dijo nada más. Solo me cogió de la mano, ofreciéndome un silencioso consuelo.
De repente, me invadieron los pensamientos sobre todo lo que había sucedido con Paula. Mi corazón se retorció de dolor.
Su sacrificio era como un peso enorme sobre mi pecho, como si una piedra gigantesca me oprimiera, impidiéndome respirar.
—Solo espero que Paula encuentre la paz —murmuré.
Clayton asintió suavemente: —Encontrará la paz. Entenderá todo lo que has hecho por ella.
No respondí, solo asentí en silencio.
Cuando regresé a la finca de la familia Pierce, Evie me esperaba junto a la verja.
Corrió hacia mí en cuanto me vio, con voz urgente.
«Makenna, ¿has vengado a Paula?».
Nuestras miradas se cruzaron y una intensa ola de tristeza me invadió.
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Evie tenía los ojos hinchados, llenos de preocupación, mientras me observaba atentamente. Bajé la cabeza, con la voz cargada de vergüenza.
«Evie, fue mi mala decisión… mi error… lo que provocó la muerte de Paula. Yo… le fallé».
Evie me secó las lágrimas con suavidad, con una voz que era un susurro.
«Makenna, esto no es culpa tuya. Los culpables son Leonardo y Antoni. Paula… ella nunca te culparía».
Levanté los ojos hacia ella, pero la culpa se hizo aún más fuerte.
Desde que Paula se había tomado el tiempo de consolar a Evie, su vínculo se había fortalecido, lo que solo profundizó mi arrepentimiento. Me hizo sentir aún más culpable por haber defraudado la confianza de Evie.
Al ver la culpa reflejada en mi rostro, Evie me abrazó con fuerza.
«Makenna, esto no es culpa tuya. Tienes que encontrar la fuerza para enfrentarte a los verdaderos enemigos y asegurarte de que se haga justicia».
Su repentino abrazo me tomó por sorpresa, pero me llenó el corazón de calidez.
«Sí», logré articular, asintiendo con la cabeza mientras me refugiaba en su abrazo. «Evie, gracias. Me haré más fuerte. Me aseguraré de que Paula sea vengada».
Pero justo cuando una ola de dolor comenzaba a desvanecerse, otra ola de problemas me golpeó, dispuesta a hundirme. Dentro de Marehelm, las corrientes subterráneas de malestar seguían creciendo, amenazando con salir a la superficie.
Algunas personas estaban cada vez más molestas, sintiendo que nuestra presencia había destrozado la paz que la ciudad había conocido. En ese momento, se escuchó un gran alboroto fuera de las puertas.
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