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Capítulo 643:
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«Oh, es Antoni otra vez. ¿A cuántos pobres idiotas habrá engañado con sus trucos? Solo es otro incauto», murmuró uno.
Otro murmuró con decepción: «Qué pena, ella es preciosa y él se la va a entregar a esa serpiente. Si lo hubiera sabido antes, habría probado suerte yo mismo».
Al oír estos comentarios sarcásticos, Antoni esbozó una sonrisa de satisfacción y fijó la mirada en Alisha con un brillo de triunfo. En sus ojos, ya había ganado y saboreaba su premio.
Solo entonces Alisha salió de su aturdimiento, y su incredulidad dio paso a una oleada de ira. Miró a Ashton, sin reconocer al hombre que estaba sentado a su lado, como si se hubiera transformado en un extraño envuelto en imprudencia e indiferencia.
«Ashton, ¿qué demonios estás diciendo?», exigió, con voz aguda y llena de furia.
«¿Por quién me tomas? ¿Soy solo un premio que se puede apostar en un juego? ¿De verdad quieres jugar conmigo?».
Ashton ni siquiera parpadeó, con la atención fija únicamente en la mesa. No respondió a su indignación; simplemente cogió la baraja y sacó las cartas con la intensidad de un hombre poseído, colocando cada una de ellas con deliberación.
Indignada, Alisha dio una patada en el suelo, con los ojos brillantes. Se puso de pie, decidida a marcharse.
Antes de que pudiera dar un paso, un grupo de hombres musculosos le bloquearon el paso, con el rostro severo. —La partida ya ha comenzado —ladró uno de ellos—. Tu novio te ha apostado. ¡No te irás hasta que haya terminado!
Atrapada, Alisha solo pudo observar cómo Antoni sacaba tres cartas con un gesto grandilocuente y las daba la vuelta con un solo movimiento.
La multitud contuvo el aliento: la mano de Antoni sumaba un 21 perfecto con solo tres cartas.
Ashton, que había sacado seis cartas, ya estaba en desventaja. Según las reglas, el jugador con menos cartas ganaba automáticamente, sin siquiera comparar los puntos.
En otras palabras, aunque Ashton lograra de alguna manera un milagroso 21, su derrota ya estaba sellada.
Alisha estaba desconcertada por el juego de cartas, pero las expresiones de las personas que la rodeaban eran un libro abierto para ella. Las sonrisas burlonas en sus rostros le hicieron encogerse el corazón. Se volvió hacia Ashton, con los ojos llenos de tristeza y traición.
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¿Cómo podía ser Ashton tan cruel?
Alisha no podía entender su obsesión por el juego. ¿Era así como era realmente? ¿Acababa de descubrir al verdadero Ashton?
Ashton no le prestó atención, con la mirada fija en las seis cartas que tenía en la mano como si fueran todo su universo.
—Ya estás derrotada —declaró Antoni con una sonrisa burlona—. Aunque consigas 21, yo tengo menos cartas. ¡Gano por defecto!
Pero Ashton, que parecía consumido por el juego hacía un momento, simplemente entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa astuta.
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