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Capítulo 226:
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El guardaespaldas se acercó a la mesa cuadrada y, con una sonrisa burlona, tomó la mano de Ashton. Mientras la multitud contaba en voz alta, comenzó oficialmente el combate, que parecía desigual.
Desde el principio, el guardaespaldas aplicó mucha fuerza con el objetivo de dominar rápidamente a Ashton. Su objetivo era hacerle tropezar y avergonzarlo, ayudando así a su jefe a vengarse. Sin embargo, para su sorpresa, descubrió que no podía mover a Ashton en absoluto.
Ashton, por su parte, parecía completamente tranquilo. Incluso se burló juguetonamente: «Hermano, ¿te has saltado la comida antes de venir aquí? ¿Quizás deberías comer algo antes de continuar?».
Tal burla, junto con los murmullos de sorpresa de los espectadores, dejó al guardaespaldas furioso y pálido.
En su ira, ejerció toda su fuerza. Las venas se le marcaban y su cuerpo temblaba por el esfuerzo, pero no consiguió mover a Ashton ni un centímetro.
Para el guardaespaldas, era como si estuviera intentando mover no solo una mano, sino una montaña.
Mientras tanto, Ashton se mantuvo relajado y sereno.
La multitud quedó totalmente incrédula ante el resultado. A pesar de la notable diferencia de tamaño entre los dos, los resultados esperados se invirtieron por completo. Lo que debería haber sido una ventaja para el guardaespaldas se manifestó como una debilidad.
En marcado contraste, Ashton parecía más débil, pero parecía tener mucha energía aún.
Ashton bostezó por aburrimiento. Su oponente no podía soportar ni siquiera el treinta por ciento de su fuerza, lo cual era una gran decepción.
Consideró que el combate había sido una pérdida de tiempo. Ni siquiera era lo suficientemente entretenido como para merecer atención.
Por lo tanto, Ashton le aconsejó amablemente: «Ahora es mi turno. Deberías aflojar el agarre o podrías hacerte daño».
El guardaespaldas ya estaba esforzándose al máximo. El consejo de Ashton solo lo enfureció más, y espetó: «¡Cállate la boca! ¡Yo voy a ganar!».
A pesar de sus palabras desafiantes, el resultado era evidente para todos los espectadores.
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El guardaespaldas luchaba por aceptar que sus años de fuerza no tenían ningún efecto sobre Ashton.
Ashton suspiró. Le había dado un aviso amable, pero como el guardaespaldas lo había ignorado, poco más podía hacer.
De repente, Ashton ejerció una fuerza repentina. El empate se rompió en un instante.
Con un fuerte golpe, la mano del guardaespaldas se estrelló contra la mesa.
Esta repentina demostración de poder tomó por sorpresa al guardaespaldas. Sintió como si un camión le hubiera aplastado el brazo, abrumándolo con un dolor insoportable.
Se derrumbó en el suelo, gritando de agonía.
Los que presenciaron el suceso quedaron atónitos.
Ashton no solo había ganado, sino que lo había hecho de forma contundente.
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