La Venganza de la heredera - Capítulo 479
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Capítulo 479:
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Mientras tanto, la policía había llegado al lugar. Tras evaluar la situación, le aconsejaron a Charles que la única solución sería mediante un proceso legal.
Charles se sorprendió por la complejidad de la situación y las lágrimas brotaron incontrolablemente.
Charles no estaba sola. Se suponía que debía representar a muchas personas. Sin embargo, parecía que estaba a punto de defraudar a todo el mundo.
Después de que la policía registrara un breve análisis del caso, les pidió que firmaran antes de marcharse. Bill la miró con desprecio.
«Charles, sé por qué estás aquí hoy».
«Quieres defender a otras personas, ¿verdad?».
«Déjame decirte que, en este mundo, no hay ningún beneficio en arriesgarse».
«Hoy te estoy dando una oportunidad, dejándote ver claramente cuál es tu lugar».
«Supongo que eres una persona inteligente y ahora deberías comprender tu difícil situación».
«Aunque denuncies esto a la policía, no puedes permitirte desafiarme».
Las lágrimas corrían por el rostro de Charles, revelando su impotencia.
Ella y los demás miembros del personal dependían de sí mismos para mantenerse a sí mismos o a sus familias. Perder un mes de trabajo podría suponer un déficit económico, mientras que dos meses supondrían un desastre para toda la familia. Como había señalado Bill, no podían permitirse correr ese riesgo.
Desde la aceptación de un caso hasta el juicio, pasarían al menos seis meses. Incluso si tenían la victoria asegurada, seguiría habiendo un periodo de ejecución.
Si la empresa no cumplía en el plazo estipulado, la ejecución forzosa se sumaría al tiempo perdido.
Teniendo en cuenta todo esto, se perdería casi un año entero.
«Charles, no puedes representar a todo el mundo, pero puedes representarte a ti misma, ¿no?
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Estoy dispuesto a darte una oportunidad. Firma este documento ahora y todos podremos olvidarnos de esto».
«Si sigues obstinándote, no me culpes por ser duro». » El rostro de Bill se ensombreció.
Sabía muy bien que, durante el proceso judicial, podría obligar a Charles a retirar su demanda.
Para entonces, ella no tendría nada y se habría desperdiciado una cantidad considerable de tiempo.
Apretando los dientes, Charles se acercó una vez más al escritorio.
El acuerdo yacía allí, cada palabra le resultaba familiar, pero leerlo le provocaba un dolor punzante en el corazón. Agarró el bolígrafo con temblorosas manos y las lágrimas cayeron en cascada sobre el documento.
«Espera».
De repente, se oyó una voz familiar.
Charles sintió una oleada de esperanza en su alma.
Dejó caer el bolígrafo y miró directamente hacia la puerta.
Como era de esperar, ¡era Sandra!
Estaba de pie en la puerta, con un toque de frialdad en los labios.
Charles respiró hondo y su corazón se relajó lentamente tras la tensa situación que acababa de vivir.
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