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Capítulo 916:
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«¿Aún no lo entiendes? Esta noche eres mía».
Molly palideció al comprender la escalofriante verdad: había sido engañada por la persona en la que más confiaba. La botella de bebida helada que la había llevado a su perdición procedía nada menos que de Sylvie Singh, su supuesta mejor amiga.
«No, eso no puede ser. Sylvie nunca me traicionaría».
La voz de Molly se quebró y su corazón latía con fuerza. La ira y el dolor luchaban dentro de ella, amenazando con consumirla.
Kyle se bebió el último sorbo de vino y se humedeció los labios con la lengua, satisfecho.
«Todo el mundo tiene un precio, cariño. Por cien mil dólares, tu querida amiga te vendió. Pensé que harían falta al menos doscientos, pero con solo cien mil, te vendió sin pensárselo dos veces. Supongo que, después de todo, no valías mucho para ella».
«¡Eres un monstruo!», espetó Molly, apretando los puños.
Kyle arqueó una ceja, con una mirada divertida.
«¿Monstruo? Oh, cariño, aún no has visto nada».
Con un movimiento rápido, acortó la distancia y la inmovilizó contra el colchón con las manos.
Molly se retorció y le arañó el pecho con desesperación. Él soltó un siseo agudo cuando le aparecieron marcas rojas en la piel.
La expresión de Kyle se ensombreció. Con un fuerte golpe, le abofeteó la mejilla, lo que le provocó un dolor agudo en la piel. Un sabor metálico le invadió la boca.
El dolor la atravesó, inmovilizándola momentáneamente. Su cuerpo se congeló instintivamente.
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«Kyle, por favor, no hagas esto».
Su voz temblaba, las lágrimas se derramaban por sus pestañas, pero su súplica solo pareció avivar el fuego en los ojos de él.
«Prefiero que seas así», murmuró Kyle con una risa siniestra.
«Siempre finges ser pura e intocable. Pero esta noche te convertiré en mi juguete».
«¡No! ¡Para! ¡Por favor!».
Kyle se abalanzó sobre ella, con el aliento caliente y apestando a alcohol, mientras intentaba aplastar sus labios contra los de ella.
El corazón de Molly se hundió en un abismo de desesperación. Se debatió débilmente, pero su resistencia le pareció inútil.
El sueño que había acariciado desde niña —convertirse en actriz— ahora le parecía una fantasía cruel e inalcanzable.
La industria que una vez había idealizado no era más que un pozo negro, donde se comerciaba con los cuerpos a cambio de fama y se sacrificaba la moralidad por el lucro.
A pesar de toda su inmundicia, ella se había aferrado a sus principios, convencida de que si conservaba su dignidad, encontraría la manera de sobrevivir a la oscuridad. Pero ahora, las frías manos de la realidad la arrastraban directamente al abismo.
De repente, la puerta se abrió de golpe con un estruendo atronador.
Kyle se sobresaltó y se giró con el ceño fruncido.
«¿Quién demonios…?»
Pero en cuanto vio quién era, se le fue todo el color de la cara. Las palabras se le atragantaron en la garganta.
«¿Stephen? ¿Qué haces aquí?».
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