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Capítulo 807:
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Enfrentarse a Wendy en su propio terreno era como jugar a un juego amañado: Janice no tenía ninguna posibilidad.
Sin embargo, a pesar de las fervientes palabras de Aiden, Janice parecía totalmente imperturbable, saboreando su café. Su actitud serena solo aumentaba la inquietud de Aiden.
«Janice, ¿me estás escuchando?».
Ella parpadeó y luego esbozó una media sonrisa. «Por supuesto que te escucho. Estás diciendo que Wendy es una enemiga formidable, a la que no hay que subestimar».
«Entonces, ¿por qué sigues tan tranquila?». Aiden le pellizcó la mejilla, con una fuerza que delataba su frustración. «Si pudieras aliarte con alguien local que tenga influencia significativa, ya no tendrías que preocuparte por ella».
Se lo explicó lo más claramente posible, con la esperanza de que ella lo entendiera. ¡Ese aliado, poderoso y local, era él!
Sin embargo, Janice pareció pasar por alto su insinuación y se desvió del tema. —¿Quién crees que está detrás de Wendy?
—¡Janice! —La voz de Aiden se quebró por la exasperación. Para alguien que normalmente mostraba una perspicacia y una visión estratégica tan agudas, a veces podía ser notablemente despistada.
—¡Está bien, está bien, lo entiendo! —Janice se rió, aligerando el ambiente mientras acariciaba suavemente el rostro de Aiden con las manos—. La razón por la que estoy tan tranquila es porque te tengo a ti, ¿verdad? No te quedarías de brazos cruzados y dejarías que Wendy viniera a por mí, ¿verdad?
Sus palabras resonaron profundamente en Aiden, calmando la tormenta de su frustración.
—Sin duda. Conmigo aquí, no se atrevería a tocarte.
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—Entonces, ¿quién crees que está detrás de Wendy?
—¿Alguien detrás de ella?
Aiden hizo una pausa, considerando cuidadosamente su pregunta.
¿El hecho de que Wendy sacara a Stephen de Cloverhill y lograra mantenerlo oculto de la familia Welch durante tanto tiempo? Eso no era solo suerte, era francamente sospechoso.
Wendy no podía haber orquestado esto por sí sola. Tenía que haber una fuerza más poderosa detrás de ella, alguien con el poder y la influencia necesarios para mantener todo bajo control.
Las sombras se deslizaban por la villa privada de Wendy cuando ella regresó a casa.
El patio estaba envuelto en la oscuridad, donde figuras silenciosas se erigían como centinelas. Sus rostros estaban esculpidos en hielo, con las manos entrelazadas a la espalda con precisión militar. No movían ni un músculo mientras esperaban las órdenes de Wendy.
A primera vista, se podrían haber confundido con maniquíes magistralmente elaborados. Solo el sutil subir y bajar de sus pechos delataba su humanidad, un recordatorio rítmico de que la sangre aún corría por sus venas.
Sus ojos eran pozos vacíos, sus rostros máscaras de vacío, como si sus propias almas hubieran sido despojadas durante su entrenamiento.
Estas eran las preciadas creaciones de Wendy: asesinos moldeados por sus propias manos a lo largo de los años.
Su mirada se deslizó sobre ellos, fría como el invierno y mortal como el veneno de una víbora. «A partir de este momento, no descansaréis hasta que Janice exhale su último aliento».
«¡Sí, señora!».
Su respuesta unánime retumbó en el patio, un coro de intenciones mortíferas.
Un placer retorcido bailó en el rostro de Wendy mientras sus voces resonaban en la noche.
Sus labios se curvaron como los de un gato que juega con su presa, y sus ojos se entrecerraron hasta convertirse en rendijas depredadoras mientras imaginaba la inevitable caída de Janice. Incluso con sus habilidades sobrenaturales, Janice se derrumbaría bajo el implacable ataque de tantos asesinos entrenados.
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