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Capítulo 795:
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Wendy se acercó, extendió rápidamente la mano para levantarle la barbilla a Stephen y obligarlo a mirarla. «Stephen, parece que cada vez me tienes más miedo. De hecho, parece que me evitas más que nunca».
Se acercó aún más a Stephen, con una presencia abrumadora, y cerró la puerta detrás de ella.
Afuera, sus guardaespaldas se colocaron estratégicamente para asegurarse de que no hubiera interrupciones.
«No creas que solo porque ahora tienes a Janice de tu lado, te atreverás a desafiarme», dijo Wendy, con el rostro retorcido por la ira y los ojos ardientes con una intensidad feroz que podía intimidar a cualquiera.
«¿Cómo podría hacerlo?», respondió Stephen con una sonrisa forzada, con voz firme pero hueca. «Soy tu esclavo. Nadie puede cambiar eso. Solo he estado un poco agotado últimamente. No quería preocuparte, así que me he mantenido un poco al margen. Eso es todo».
«¿De verdad?», preguntó Wendy entrecerrando los ojos, con una sospecha evidente para cualquiera.
Stephen levantó la mano y agarró la muñeca de Wendy, acercándola a él antes de inclinarse para besarla.
Las pupilas de Wendy se dilataron por la sorpresa. El repentino movimiento de Stephen la pilló completamente desprevenida.
Él siempre había sido reservado y rara vez iniciaba acciones tan atrevidas. Ese beso la dejó hechizada.
«¿Ahora me crees?». Cuando separaron los labios, Stephen la miró con ojos nublados llenos de profundo afecto.
Las mejillas de Wendy se tiñeron de un intenso carmesí y su corazón se aceleró bajo la intensa y tierna mirada de él.
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Justo cuando Wendy estaba a punto de responder, un pensamiento inquietante cruzó por su mente, lo que la llevó a apartar a Stephen bruscamente.
Stephen se quedó paralizado, con una expresión de confusión en el rostro.
«Stephen, me has decepcionado mucho», dijo Wendy con voz tensa y el rostro ensombrecido. «¿Has llegado tan lejos por Janice?». Un sutil cambio en la expresión de Stephen no pasó desapercibido para Wendy, lo que confirmó sus sospechas.
««Lo has malinterpretado», insistió Stephen, frunciendo el ceño y con voz firme.
Wendy se burló con frialdad y empujó a Stephen hacia el sofá. «Stephen, déjame decirte algo».
«¿Qué?
«Esta vez, cuando Janice fue a Cloverhill, aproveché que no conocía el lugar y envié a alguien para que la matara». Wendy sacó su teléfono y le mostró una foto a Stephen.
En cuanto Stephen vio la imagen, se le quedó la cara blanca como el papel. Una oleada de rabia lo invadió.
En la foto, Janice yacía en un charco de sangre, con la ropa revuelta y los ojos muy abiertos, con una expresión de miedo inquietante que reflejaba la agonía que había sufrido.
La imagen desgarró el corazón de Stephen, cada detalle era un golpe brutal para sus emociones.
«¡Wendy Chadwick!», gritó Stephen, dominado por la furia, mientras se abalanzaba sobre Wendy y la inmovilizaba en el sofá.
Si Leonie no hubiera estado inconsciente por los efectos de la droga, el tumulto entre los dos sin duda la habría despertado a esas alturas.
Los labios de Wendy se torcieron en una sonrisa siniestra. «¿Qué pasa? ¿Ver el trágico final de Janice te ha dejado desconsolado? ¿Quieres matarme para vengarla?».
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