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Capítulo 713:
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«¿Por qué?
«Porque no perderás».
¿No perdería? Esa palabra encendió algo en el pecho de Jorge, enviando fuego líquido por sus venas.
Desde su aplastante derrota a manos de Conley, se había dedicado a interminables sesiones de entrenamiento, soñando con el día en que batiría ese récord y recuperaría su orgullo.
Más que eso, anhelaba vengar a Samantha.
«¿Confías en mí?», preguntó.
«¡No!». Janice miró a Aiden, sentado en silencio en el asiento del copiloto. «Solo confío en él».
Entonces Jorge se dio cuenta de algo: una conexión tácita entre Aiden y Janice que le recordó dolorosamente lo que una vez había compartido con Samantha. —¿De verdad quieres esto?
—Sí.
—¡De acuerdo! —Jorge enderezó los hombros y su determinación endureció sus rasgos—. No entiendo tus motivos, pero si gano esta carrera, estoy a tu disposición.
Cuando Jorge se sentó en el asiento del conductor, se escucharon murmullos entre la multitud reunida.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué conduce Jorge? ¿MO ha perdido la cabeza al ponerlo al volante?
—MO debe de haber caído rendida ante los encantos de Conley. ¡Prácticamente le está entregando la victoria en bandeja de plata!
—La gran MO, reducida a esto…
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Conley absorbió sus burlas como combustible, y sus labios se curvaron en una sonrisa depredadora. Sabía que la victoria ya era suya.
«Qué desesperada, poniendo a un has-been en mi camino. MO, si intentas llamar mi atención, hay mejores maneras. Puede que incluso te siga el juego».
¡Vroom!
Dos bestias de acero y potencia, una rojo sangre y otra amarillo sol, se agazaparon en la línea de salida.
Sus motores entonaron un salvaje dúo que resonó en las laderas de White Goose Mountain, anunciando la batalla que se avecinaba.
Conley miró a Jorge a los ojos y le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba antes de invertirlo dramáticamente. La burla flotó en el aire como humo.
Jorge entrecerró los ojos, pero se negó a morder el anzuelo. En cambio, se concentró y recurrió a su determinación más profunda.
—¿Recuerdas cómo conducía antes? —La voz de Aiden rompió la tensión desde el asiento del copiloto—. Imita mi técnica y la victoria estará garantizada.
Jorge giró la cabeza con incredulidad. —Lo habías planeado desde el principio, ¿verdad?
—Antes me estaba conteniendo. No quería que redecoraras el interior —se burló Aiden. La arrogancia que ardía en sus ojos obligó a Jorge a apartar la mirada.
¡Increíble!
Pensaba que su carrera anterior había superado los límites de la física.
¿Pero Aiden se había estado conteniendo?
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