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Capítulo 679:
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Janice sonrió con complicidad. —Tienes razón. Respeto tu talento, Stephen, y creo en tu potencial. Por eso voy a invertir en tu película, no solo como una estrategia comercial, sino como el primer paso para lanzar mi propia empresa de entretenimiento.
Una chispa de determinación iluminó sus ojos. «Te quiero a mi lado, Stephen, para que seas la estrella brillante de mi empresa».
El tenedor de Stephen se quedó suspendido en el aire. La miró parpadeando, atónito. «¿Hablas en serio?».
«Tan en serio como se puede estar». La mirada de Janice era inquebrantable, clara como un manantial de montaña. No había rastro de broma en su expresión, solo sinceridad y determinación.
Stephen, sin embargo, se puso rígido, visiblemente nervioso. «¡No! No puedo aceptarlo. Por favor, no vuelvas a sacar este tema».
Janice arqueó una ceja y su voz se volvió más firme. «Stephen, lo digo en serio. Te quiero en mi equipo y te ofrezco un futuro mucho mejor que el que te aferras a tener. Si me eliges, tendrás un futuro más brillante».
Sus palabras golpearon a Stephen como un trueno, haciendo temblar la frágil certeza en la que se había envuelto. Su mente volvió a ese momento en el incendio, cuando Janice le había prometido que tendría un futuro mejor.
«Stephen, si temes que Wendy no te deje ir, déjame encargarme de eso». Janice entrecerró los ojos y clavó su mirada en la de Stephen con una intensidad afilada como una navaja.
«Tienes que confiar en mí. ¡Puedo hacerlo! Por muy poderosa o aterradora que te parezca, confía en mí, puedo enfrentarme a ella».
Stephen miró a Janice a los ojos y, por un instante, la duda se apoderó de él. La convicción de ella era como una fortaleza inquebrantable. ¿Podría realmente enfrentarse a Wendy?
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«No». La sola idea de dejar a Wendy le provocó un escalofrío a Stephen. Sabía muy bien que no podía permitirse provocar su ira. «Janice, agradezco tu amabilidad, pero nunca traicionaré a Wendy. Todo lo que soy hoy es gracias a ella. Le debo mi lealtad».
Los ojos de Janice se apagaron ligeramente, aunque su determinación no vaciló. Podía verlo: la guerra que se libraba en el corazón de Stephen, el deseo de libertad encadenado por el miedo. Anhelaba liberarse del control de Wendy, pero el dominio psicológico que ella ejercía sobre él era un grillete demasiado apretado como para escapar: el miedo lo mantenía firmemente en su lugar.
«Stephen, recuerda una cosa: nunca fallo en lograr lo que me propongo. Wendy puede ser una fuerza a tener en cuenta, pero yo también lo soy. Mi oferta sigue en pie. En el momento en que decidas liberarte, llámame. Mi puerta siempre estará abierta».
Con eso, Janice se dio la vuelta y se alejó. Justo cuando llegó a la puerta, dudó y echó una última mirada por encima del hombro a Stephen. Esperaría a su hermano, sin importar cuánto tiempo le llevara. En cuanto él encontrara el valor para dar ese paso, ella estaría allí para llevarlo a un lugar seguro. Ninguna prueba, por muy ardiente u oscura que fuera, la detendría.
Stephen se quedó allí sentado, viendo cómo la figura de Janice se desvanecía en la distancia, con la mente llena de pensamientos contradictorios. Aunque Janice era indudablemente poderosa, con el respaldo de la familia Green, el miedo que Wendy le inspiraba era de otro nivel.
Wendy no era solo una amenaza; era una pesadilla hecha realidad, una fuerza de la naturaleza que dejaba destrucción a su paso.
Cuando Janice salía de la sala, una figura alta apareció de repente en su camino. Janice percibió un ligero aroma de su colonia, el inconfundible olor que le decía exactamente quién era. No pudo evitar sonreír.
—Aiden, ¿qué te trae por aquí hoy?
Aiden la miró, con una mirada suave y llena de calidez. —Solo vengo a ver cómo está mi futuro cuñado. ¿Hay algún problema?
Janice ladeó ligeramente la cabeza, encontrando su mirada con un entendimiento tácito entre ellos. —No he aceptado volver a casarme contigo, ya lo sabes.
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