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Capítulo 655:
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«¡De acuerdo!».
Janice no dudó ni un segundo: ninguno de ellos podía permitirse el lujo de rendirse ahora.
Sin perder tiempo, ató la cuerda alrededor de Stephen con manos firmes y luego levantó la mirada hacia Aiden.
Sus miradas se cruzaron a través de las llamas furiosas, y entre ellos se estableció un pacto tácito de confianza y determinación.
Aiden apretó los ojos, respiró hondo y, con todas las fuerzas que le quedaban, comenzó a tirar de ellos hacia arriba.
Lenta pero seguramente, Janice y Stephen ascendieron, pero el infierno que los rodeaba era implacable. Rescatar a dos personas solo era una hazaña imposible, incluso para alguien tan decidido como Aiden.
El sudor brotaba a raudales de su cuerpo, sus labios estaban pálidos como la muerte y su cuerpo estaba al límite.
El desafío era despiadado.
Aiden se había entrenado en el extranjero en su juventud, templándose en el crisol de pruebas de vida o muerte y forjando una voluntad inquebrantable.
Sin embargo, al fin y al cabo, seguía siendo humano, de carne y hueso, y no era inmune al implacable incendio.
Entonces, de la nada, un repentino escalofrío atravesó el calor sofocante, haciendo que Aiden se estremeciera involuntariamente.
—¡Sr. Green! —la voz de Braylen se abrió paso.
El sonido de la voz de Braylen reavivó la determinación de Aiden como un segundo aliento, liberando una reserva oculta de fuerza.
Aún tenían una oportunidad: si podían aguantar un poco más, la supervivencia estaba al alcance de la mano.
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Braylen, al frente de un equipo de bomberos, irrumpió con tres mangueras, lanzando torrentes de agua contra las voraces llamas. Aunque el fuego rugía como una bestia salvaje, el implacable diluvio lo obligó a retroceder, abriendo un estrecho pero vital camino hacia la seguridad.
Los ojos de Braylen se posaron ansiosos en la puerta principal.
Había superado todos los límites para llegar a tiempo, rezando para no llegar demasiado tarde.
La puerta maltrecha se abrió de golpe con un estruendo ensordecedor.
Aiden salió, sosteniendo a Janice y Stephen mientras avanzaban tambaleantes, maltrechos pero vivos.
«¡Ayúdenlos! ¡Ahora!».
Una enorme ola de alivio invadió a Braylen, quien inmediatamente pidió asistencia médica.
Después de una intensa ronda de cuidados de emergencia, los tres ya no estaban en peligro crítico. Un suspiro de alivio colectivo se extendió entre todos los presentes.
Todos comprendían la gravedad de la situación. No se trataba de civiles cualquiera, especialmente Aiden, cuya influencia tenía un peso considerable en la economía de Efrery.
En su intento por salvarlo, las autoridades habían hecho todo lo posible, enviando tres camiones de bomberos y una legión de bomberos a toda velocidad, lo que demostraba claramente lo mucho que lo valoraban.
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