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Capítulo 638:
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«¿Qué es esto?».
Demi se quedó totalmente incrédula, con una oleada de miedo invadiendo su corazón.
«¡No puede ser!».
Al mismo tiempo, se descubrió otra bolsa negra en la habitación de Delilah. Al verla, Delilah se quedó igual de sorprendida, repitiendo la exclamación de Demi.
«¡Oh, Dios mío! ¿De verdad son tan retorcidas?».
«Es difícil creer que esté coleccionando la ropa interior de Stephen. ¡Es repugnante!».
«¡Ábrela! Si hay ropa interior de Stephen dentro, ¡me enfadaré mucho con esas dos zorras!».
La audiencia en línea estaba completamente abrumada por la emoción y el caos.
Las bolsas negras parecían contener misterios, muy parecidos a las cajas de Pandora.
Abrirlas significaría la ruina absoluta tanto para Delilah como para Demi.
«¡No, eso no es mío!», gritó Demi, lanzándose hacia la bolsa. Pero ya era demasiado tarde; el contenido ya estaba esparcido por el suelo.
Cuando la ropa interior cayó al suelo, un silencio sepulcral se apoderó de la habitación.
«¡Es ropa personal de Stephen, sin duda! ¡Demi, eres repugnante!».
«Parece que le debo una disculpa a Daniel. ¡Resulta que Demi es la verdadera repugnante aquí!».
«¡No solo Demi, la bolsa de Delilah también tenía ropa interior de Stephen!».
Y así, la caída de Demi y Delilah comenzó a desmoronarse ante todos.
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Delilah se quedó paralizada, con el rostro pálido. No podía comprender cómo su plan perfectamente elaborado se había desmoronado por completo.
¿Cómo había podido Janice descubrirlo?
Sus ojos se posaron en Janice, llenos de rabia y resentimiento.
Mientras tanto, Janice ni siquiera la miraba. Su atención se había desplazado hacia la habitación de Stephen en el segundo piso.
El silencio que emanaba de allí la inquietaba. ¿Podría ser que él no estuviera en la habitación, o…?
Janice sintió que el corazón se le encogía por la ansiedad. Si registraban la habitación de Stephen a continuación, su secreto podría salir a la luz.
—¡Un momento!
La tensión en la habitación se rompió con un repentino estallido.
—Daniel, ¿qué está pasando? —preguntó Maggie, con el rostro nublado por la confusión.
Con expresión seria, Daniel cogió unos calzoncillos de la pila y los levantó.
«Son míos. ¿Qué demonios hacen aquí?».
¿Qué?
Todos estaban confundidos, sin saber qué pensar.
Todos habían creído que la ropa interior era de Stephen.
El repentino arrebato de Daniel rompió sus suposiciones, profundizando su desprecio por Demi y Delilah.
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