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Capítulo 623:
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«MO, ¿me has llamado solo para decirme que has tomado una decisión?», preguntó Mateo, esbozando una sonrisa e incluso añadiendo algo de adulación a su tono. Si Janice no hubiera visto ya su verdadera naturaleza, podría haber creído en su muestra de respeto y sumisión genuinos.
En realidad, Mateo era astuto y peligroso, y su sonrisa ocultaba innumerables amenazas bajo la superficie.
«Sí, lo he decidido», respondió Janice con indiferencia. «Operaré a tu padre».
«Es una noticia excelente», respondió Mateo, con voz llena de emoción. «Haré que alguien te acompañe aquí inmediatamente».
«No es necesario. Iré yo sola. Además, prefiero trabajar de forma independiente. No tengo paciencia con los tontos».
La expresión de Mateo se tensó inmediatamente al darse cuenta de que el insulto iba dirigido a la persona que había enviado, que, por supuesto, era Alissa. «Muy bien, haremos las cosas a tu manera».
Tras terminar la llamada, Mateo exhaló profundamente, pero una sonrisa intrigante se dibujó en sus labios.
«Esta forma de actuar se está volviendo bastante fascinante. Solo es una cirujana, pero se mantuvo muy serena durante toda nuestra conversación. ¿Qué tipo de confianza tiene?».
Sentía curiosidad por conocer a esta misteriosa maestra de la cirugía.
Janice acababa de dar un sorbo a su café y estaba a punto de marcharse cuando vio a alguien entrar desde fuera.
«¿Stephen?».
Efectivamente, era Stephen.
Pero esta cafetería estaba bastante lejos de la villa. Normalmente, no era un lugar típico para que alguien se relajara, y mucho menos para viajar tan lejos.
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Janice había venido aquí simplemente porque ya había estado antes y le gustaba el ambiente tranquilo. Estaba claro que era la primera vez que Stephen venía.
Se acercó a la recepción, intercambió unas palabras con el personal y luego se dirigió a una sala privada en el interior.
Janice frunció el ceño, confundida, y entonces vio entrar a otra persona.
Esta mujer, vestida con gafas de sol y un abrigo, iba tan abrigada que era difícil reconocer sus rasgos. Aun así, su porte dejaba claro que procedía de una familia adinerada.
Janice entrecerró los ojos, recordando las cicatrices de la espalda de Stephen, y de repente se le ocurrió una hipótesis atrevida.
En ese momento, Stephen estaba sentado dentro de la sala privada, pareciendo algo ansioso e indefenso, como si esperara que algo estuviera a punto de suceder.
Clic.
La puerta se abrió.
La mujer entró.
Stephen se puso de pie, con una compleja mezcla de emociones en su rostro.
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