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Capítulo 601:
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«¿Te has dado cuenta? Para Aiden, solo existe Janice. Alissa le ha dado una toalla y él ni siquiera le ha dedicado una mirada».
«¡Son perfectos el uno para el otro!».
Bajo los suaves pliegues de la toalla, Janice se encontró a pocos centímetros del pecho esculpido de Aiden. Su mirada se demoró y tragó saliva con la garganta seca.
El físico del hombre era absolutamente fascinante.
Desde tan cerca, cada contorno —los pectorales esculpidos, los abdominales marcados— era irresistible. Sus dedos ansiaban tocarlos.
Casi como si pudiera leer la mente de Janice, Aiden bromeó: «¿Estás pensando en tocarlos?».
«¿Qué?», Janice parpadeó, sorprendida. El significado de las palabras de Aiden la golpeó como un rayo y un rubor se apoderó de sus mejillas. «¡No seas ridículo! ¿Quién querría tocarlos?».
Aiden se inclinó hacia ella y le susurró al oído: «Entonces, ¿por qué respiras tan fuerte? Parece que me estuvieras haciendo cosquillas en los abdominales».
Janice sintió que sus mejillas ardían aún más. Si no fuera por la toalla que la protegía, habría querido cavar un agujero y desaparecer bajo tierra.
—¡Ejem! —Kenneth, que había recuperado la compostura, carraspeó con exageración, poniendo fin a ese momento tan tenso.
—Aiden, lo admito. Eres fuerte y esta vez he perdido limpiamente. —Se esforzó por mantener la compostura, pero por dentro sentía una oleada de amarga envidia. Se daba cuenta de que los sentimientos de Janice hacia Aiden eran diferentes, algo más profundo, algo más.
La cercanía que Janice compartía con Aiden era algo que Kenneth nunca podría tener, a pesar de su amistad. Ella siempre mantenía una distancia cortés con él, sin permitir que su vínculo se convirtiera en algo más personal.
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Esta marcada diferencia en cómo Janice trataba a Aiden en comparación con él solo avivaba las llamas de los celos en su interior.
Aiden se enderezó y le lanzó a Kenneth una mirada que era a partes iguales burlona y desdeñosa. —¿No es suficiente? Entonces esfuérzate más.
Kenneth entrecerró los ojos y la amargura se apoderó de su voz. —Puede que no te gane en los deportes, pero en otros aspectos…
—Tampoco me ganarás en esos —le interrumpió Aiden con suavidad, con un tono indiferente pero cargado de significado.
Se volvió hacia Janice y le quitó la toalla, dejando al descubierto su cabello ahora despeinado. Sin dudarlo, se lo alisó.
La ternura del momento era tan íntima que enloqueció a sus admiradores, mientras que los celos de Kenneth hervían a fuego lento, ardiendo cada vez más con cada segundo que pasaba.
La mirada de Kenneth se oscureció, sus ojos se nublaron por la frustración. Las acciones de Aiden parecían una reivindicación innegable, una clara señal de posesión.
Era como si Aiden estuviera declarando en silencio que él nunca estaría a la altura y que Janice era suya.
Kenneth apretó los puños y su mirada se volvió más fría. La provocación descarada le dolió, despojándole de cualquier resto de dignidad que le quedaba.
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