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Capítulo 599:
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Estaba decidido a demostrar que podía triunfar sobre Aiden, para salir finalmente de su sombra y reclamar una victoria propia. Estaba seguro de ello. Su determinación era inquebrantable.
Impulsado por su fuerza de voluntad, Kenneth se esforzó aún más, con su mente repitiendo un mantra implacable: ¡más rápido! ¡Solo un poco más rápido!
Anhelaba superar todos los límites, superarse a sí mismo y, por fin, dejar a Aiden atrás.
Pero entonces, un repentino cambio en el agua lo sobresaltó. Una oleada de energía se propagó a su lado y, al mirar de reojo, vio a Aiden deslizándose con una facilidad impresionante.
Aiden se movía como un delfín, su cuerpo cortaba el agua con una velocidad que parecía sobrenatural.
La confianza de Kenneth se hizo añicos como el cristal. Sus pensamientos se detuvieron en seco y su mente se quedó en blanco, como si le hubiera alcanzado un rayo.
Creía que su velocidad era inigualable, que había superado sus propios límites. Sin embargo, lo que se desarrollaba ante sus ojos desafiaba toda lógica. Aiden se había adelantado con la gracia y la rapidez de un delfín, y su velocidad inigualable había dejado a Kenneth completamente atrás.
La desesperación se apoderó de Kenneth como un maremoto. Por mucho que lo intentara, en todos los ámbitos (el trabajo, los deportes o cualquier otra cosa), Aiden siempre le superaba. La diferencia entre ellos parecía insuperable.
«¡Dios mío! ¡Aiden es una bestia en el agua!».
«Antes se estaba conteniendo, ¿verdad? Ahora es imparable, ¡como un nadador olímpico!».
«Pobre Kenneth. Lo ha dado todo, pero ¿contra Aiden? Es como si el destino no estuviera de su lado».
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El público online se llenó de admiración por la incomparable capacidad atlética de Aiden, pero también hubo simpatía por Kenneth.
Sin la sombra de Aiden, Kenneth habría sido la estrella del espectáculo, un héroe por derecho propio. Pero con Aiden cerca, el brillo de Kenneth quedó eclipsado.
«¡Aiden se lleva la victoria!». El estruendoso anuncio de Aaron devolvió a todos al momento presente. La competición había terminado.
«Espera, un momento… ¿no se suponía que las invitadas iban a lanzar globos de agua?».
«En serio, son todas amigas, ¿sabes? ¡No es fácil hacer algo así! Y, sinceramente, ¿era necesario? Aiden era demasiado rápido. Era ridículamente rápido. Para cuando las invitadas tuvieron la oportunidad de hacer algo, la carrera ya había terminado».
Kenneth salió de la piscina, con los hombros caídos por la derrota. Se encontró con un gesto inesperado: una toalla, ofrecida por una mano delicada.
Al levantar la vista, se encontró con la mirada cálida y alentadora de Janice. Sus ojos brillantes no mostraban ningún juicio, solo comprensión.
«Siento haberte decepcionado», murmuró Kenneth, con voz teñida de culpa.
«No has decepcionado a nadie». La suave sonrisa de Janice transmitía una tranquila seguridad. «Aiden está a otro nivel. Perder contra él no te hace menos impresionante».
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