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Capítulo 475:
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Stephen sintió una oleada de alivio.
Aunque Janice poseía una belleza etérea que superaba a la de cualquier mujer que hubiera conocido, su conexión con ella despertaba algo más profundo: una desconcertante sensación de familiaridad que mantenía a raya cualquier idea romántica.
«Hay algo que me gustaría discutir contigo, Stephen».
«¿Mm-hmm?».
Los labios de Janice se curvaron en una sonrisa significativa. —Si estás libre más tarde, ¿nos vemos en el pabellón del jardín?
—La retransmisión en directo no será continua. Deberíamos tener algo de tiempo libre una vez que termine este segmento.
Como persona constantemente expuesta al ojo público, Stephen comprendía lo delicado que era aparecer a solas con una concursante femenina ante las cámaras.
No tenía intención de someter a Janice a especulaciones innecesarias.
«De acuerdo». Stephen asintió con la cabeza.
Él también tenía preguntas que necesitaban respuesta.
Cuando la comida llegaba a su fin, la voz de Devin resonó a través del altavoz. «Espero que todos estén satisfechos con la comida».
Apenas había terminado de pronunciar esas palabras cuando Daniel irrumpió por la puerta, con aspecto desaliñado. El sudor empapaba su ropa, lo que le hacía parecer aún más descuidado de lo habitual.
«¿Cómo que satisfechos? ¡No he probado ni un bocado! ¿Cómo voy a estar lleno?», protestó Daniel, olvidando su dignidad. «¡He dado dos vueltas a toda la villa! ¡Estoy agotado! ¿Queréis que me desmaye de hambre?».
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Los demás invitados se volvieron hacia Daniel, con expresiones que mezclaban desaprobación e incredulidad ante su estado indecoroso.
El hombre realmente no tenía sentido del decoro.
Su aspecto empapado en sudor parecía casi deliberado, como si pensara que eso aumentaba su atractivo masculino.
«¡Vamos! Estoy tan harto que voy a vomitar», decía un comentario.
«Alguien tiene que decirle a Daniel que su desesperada búsqueda de atención es sofocante de ver».
«Su forma de comportarse es casi nauseabunda. ¿De verdad cree que eso le hace parecer masculino?».
La sección de comentarios del stream se llenó de burlas.
Los representantes de la agencia de talentos de Daniel, incluido su mánager, observaban horrorizados cómo la imagen pública que habían construido meticulosamente se desmoronaba ante sus ojos.
El inevitable control de daños les costaría muy caro, tanto en recursos como en reputación.
«Sr. Chadwick, alguien que rebosa tanta vitalidad no parece correr el riesgo de pasar hambre», dijo Devin con un tono de desprecio cortante.
Aunque Devin solo tenía el título de director, la presencia de varias figuras influyentes entre los invitados reforzaba su posición. Su apoyo silencioso garantizaba que Daniel se lo pensaría dos veces antes de desafiar su autoridad.
«Tenga la seguridad de que, si realmente sucumbe a un bajón de azúcar, nuestro equipo médico profesional está listo para intervenir».
La amenaza para la salud de Daniel podría ser inexistente, pero su orgullo era otra cuestión totalmente distinta.
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