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Capítulo 472:
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Demi se mantuvo en silencio, pero sus frecuentes tragos de saliva no pasaron desapercibidos; su expectación por el plato era evidente.
Aunque los espectadores no podían compartir la experiencia sensorial, las reacciones de los invitados eran una prueba del atractivo del plato.
«¡Deben estar exagerando! ¿Cómo puede oler tan bien un guiso?».
«No creo que sea una actuación. Al fin y al cabo, no son actores, excepto Stephen. El resto son directores generales y cantantes».
«No pases por alto que tanto Kenneth como Aiden sienten debilidad por Janice. Es natural que parezcan demasiado impresionados».
«Espera a conocer la opinión de Stephen».
Una vez terminado, Janice sirvió el guiso y lo colocó delante de Stephen.
Stephen se recuperó de su sorpresa inicial y miró el guiso con una expresión nostálgica.
«Señorita Edwards, ¿ha trabajado alguna vez como chef?», preguntó el chef, incapaz de contener su curiosidad.
Janice le miró a los ojos y negó con la cabeza. «Solo lo he estudiado un poco. Nunca he trabajado como tal».
El chef se quedó desconcertado.
Sin experiencia formal, su pericia parecía casi demasiado refinada.
Su técnica también le resultaba cada vez más familiar. Le recordaba al misterioso chef de su memoria.
¿Podría ser…?
«Stephen, pruébalo, por favor», le animó Janice con una sonrisa, invitándole a probar el plato.
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Stephen inhaló profundamente, estabilizando sus emociones, y luego tomó una cucharada de la cazuela.
El olor y el aspecto le trajeron recuerdos.
¿Sabría tan familiar como parecía?
Stephen saboreó la cazuela que Janice había preparado, con sus emociones agitándose como una tempestad en su interior.
En el instante en que el plato tocó su lengua, sus pupilas se contrajeron y su mirada se elevó para encontrarse con la de Janice, con incredulidad escrita en sus rasgos.
«¿Qué está pasando? ¿A Stephen le gusta la comida o le parece horrible?
«¿Acaso hace falta preguntarlo? Debe de estar horrible. Stephen ha dejado de comer».
«¡No puede ser! ¡Creo que está impresionado por lo increíble que está!».
Los espectadores en línea observaban con gran expectación, analizando cada reacción de Stephen.
Examinaban sus sutiles expresiones, desesperados por determinar si el guiso de Janice era un triunfo culinario o un desastre.
La suave sonrisa de Janice irradiaba tranquilidad, envolviendo a todos como una fresca brisa de verano.
«¿Puedes decirme dónde aprendiste a hacer este guiso?», preguntó Stephen con voz temblorosa, apenas capaz de contener la emoción.
Una avalancha de recuerdos lo invadió. Ese sabor, que había renunciado a volver a experimentar, recreado a la perfección por una mujer a la que solo había visto dos veces en este mismo programa.
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