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Capítulo 252:
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Una voz tranquilizadora alivió la tensión en los hombros de Sierra.
«Ah, Janice, es aterrador». Sierra se dio la vuelta y se aferró a Janice, buscando consuelo.
Janice soltó una leve risa. «Antes parecías tan valiente. ¿Qué te pasa ahora?».
«Solo fingía ser valiente». Sierra frunció el ceño. «Si no me hubiera resistido, seguro que me habrían llevado de vuelta».
«No te preocupes», le aseguró Janice, con voz firme y reconfortante. «No pueden obligarte a ir a ningún sitio al que no quieras ir».
En ese momento, Costello, una fuerza inquebrantable, había sometido sin esfuerzo a todos los guardaespaldas.
Mirándolo con incredulidad, los guardias estaban visiblemente conmocionados. Era la primera vez que se encontraban con alguien tan formidable.
A pesar de no haberse movido ni un centímetro, los había dominado por completo.
«Costello, vuelve».
Ante la orden de Janice, Costello retiró instantáneamente su intimidante presencia y se colocó en silencio a su lado.
Sierra se encontró estudiando a Costello con fascinación. A pesar de su imponente altura y su feroz comportamiento que irradiaba peligro, sentía una inesperada sensación de seguridad en su presencia.
Los guardaespaldas, por el contrario, habían perdido toda su bravuconería anterior y permanecían rígidos y tensos, como si estuvieran congelados en el sitio. Sus ojos ahora miraban a Janice con una mezcla de reverencia y temor. Después de todo, cualquiera que se ganara la lealtad de una figura tan formidable era claramente alguien a quien no se debía subestimar.
Janice dijo a los guardaespaldas: «Vuelvan y díganle a Leonie Ramírez que cualquier intento de llevarse a Sierra por la fuerza es inútil. Sin embargo, si desea tener una discusión adecuada sobre este asunto, estoy abierta al diálogo».
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«Dile a mi madre que me quedo con Janice. Puede fingir que nunca me tuvo como hija». Sierra dio un paso adelante, sacando fuerzas de la presencia protectora de Janice.
Los guardaespaldas intercambiaron miradas inquietas antes de retirarse con su orgullo por los suelos.
Cuando Leonie recibió el informe, su ira estalló. En su furia, despidió a todos los guardaespaldas en el acto.
«¡Esa chica desagradecida! ¿De verdad cree que Janice podrá protegerla para siempre?». La voz de Leonie era gélida, y su expresión aún más fría. «Esa mujer no es nada, solo una rechazada de la familia Edwards que sobrevive gracias a la influencia de la familia Green. ¡Absolutamente nada!».
«Mamá, respira hondo». Nellie intentó calmar a su madre. «Sierra solo está siendo ingenua. Volverá cuando se dé cuenta del error que ha cometido».
«Es fácil para ti decirlo». Leonie soltó un suspiro de cansancio y negó con la cabeza. «Ya le he cortado todos los recursos a Sierra, pero con Janice respaldándola, no le faltará de nada».
Nellie le pasó a su madre un vaso de agua. «¿Por qué no te ocupas de Janice entonces?».
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