✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 249:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Lancelot miró con recelo por el retrovisor, frunciendo el ceño. A pesar de llevar su vehículo al límite y tomar las curvas con imprudencia, el coche que le perseguía se le pegaba de cerca. Esta persecución no era una coincidencia. El conductor que iba detrás de él no solo era hábil, sino que probablemente había orquestado todo el plan. Un escalofrío de aprensión le recorrió el cuerpo al darse cuenta de algo aterrador. ¿Podrían saber su identidad? ¿Esta persecución a alta velocidad estaba diseñada para atraerlo a una trampa?
De repente, el chirrido de los frenos rompió el silencio de la noche. Jadeando, Lancelot se enfrentó al callejón sin salida que tenía ante sí, y un sudor frío comenzó a formarse en su frente.
«¡Maldita sea! ¿Por qué no lo vi venir?». Lancelot golpeó el volante con frustración y miró por el espejo retrovisor. El coche negro se había detenido lentamente detrás de él, cortando efectivamente cualquier posibilidad de escape.
La zona era apartada. Si le pasaba algo allí, podrían pasar días antes de que se denunciara su desaparición. Lancelot recuperó rápidamente la compostura, recordándose a sí mismo su estatus real en Aerith. Cualquier daño que le ocurriera en Veland desencadenaría sin duda una grave crisis internacional.
Era imposible que alguien llegara tan lejos, sin duda.
Lancelot salió del coche, su alta estatura proyectaba una larga sombra bajo el brillante resplandor de los faros.
«¿Quién eres?», gritó Lancelot, su voz resonando en el aire. «¿Qué quieres de mí?».
Con un clic, se abrió la puerta de otro coche. Una alta silueta apareció ante su vista.
La sorpresa dejó a Lancelot clavado en el sitio, sus ojos se abrieron de par en par al reconocerlo. «¿Cómo es posible?».
«¿Te sorprende que no esté discapacitado?», preguntó Aiden con una sonrisa burlona mientras se acercaba a Lancelot con las manos metidas en los bolsillos. Cada paso era calculado e imponente, su presencia llamaba la atención y acallaba cualquier ruido a su alrededor.
Lo nuevo está en ɴσνєℓα𝓼4ƒ𝒶𝓷.c○𝓂 para ti
Su elegancia habitual no se veía mermada por la ausencia de la silla de ruedas, pero ahora había algo más: una intensidad, una agudeza que inspiraba tanto atención como respeto.
Por primera vez, Lancelot, un príncipe criado entre la realeza, sintió una amenaza real para su compostura.
—¿No declaraste una vez tu deseo de resolver nuestros problemas de hombre a hombre? —preguntó Aiden, con voz llena de burla—. Aquí estoy. ¿Estás preparado para afrontar mi desafío?
Lancelot recuperó la compostura. —Te juzgué mal. Fingir una discapacidad… Debes de tener razones profundas. Ahora está claro: soportas cargas mucho mayores de las que aparentas.
Una chispa de algo pasó por los ojos de Aiden, aunque permaneció en silencio.
—Acepto tu desafío —dijo Lancelot, dando un paso adelante, con las manos cerradas en puños—. Pero quiero saber por qué me desafías.
¿Por qué había desafiado a Lancelot? Aiden reflexionó, y una breve imagen de Janice pasó por su mente.
Levantó la vista para mirar a Lancelot a los ojos y declaró: «Por mi esposa, por supuesto».
.
.
.