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Capítulo 242:
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Aiden mantuvo una expresión tranquila y un tono firme. «Agradezco tu preocupación, pero conozco mi cuerpo lo suficientemente bien como para decidir qué y cuánto debo comer».
Tess dudó, momentáneamente atónita por su fría respuesta. Su intento de entablar conversación con él había fracasado, dejándola con una sensación de incomodidad y de pasar desapercibida.
«Quizás me he extralimitado», dijo con una sonrisa forzada. ¿Por qué no picaba el anzuelo? Ella había actuado de forma convincente, él no debería haber sospechado nada.
Aiden entrecerró ligeramente los ojos. «Dra. Newman, ¿cómo se sintió cuando me salvó aquel día? ¿Cuál era mi estado?».
La pregunta golpeó a Tess como un rayo, sumiéndola en un pánico silencioso. ¿Por qué sacaba a relucir el pasado de repente? Algo en su tono la inquietaba, y su instinto le advertía que hablar demasiado podría delatarla.
En aquel entonces, el hombre al que había salvado era solo un desconocido cualquiera. Un coche sencillo, un accidente de tráfico rutinario… Si Aiden indagaba en los detalles, Tess temía que su historia cuidadosamente elaborada se desmoronara.
«Ha pasado tanto tiempo que apenas lo recuerdo», dijo Tess con una sonrisa forzada. «Iba con prisa al trabajo y todo sucedió muy rápido. Lo recuerdo todo muy borroso».
«No pasa nada. Si lo has olvidado, puedo ayudarte a recordar», respondió Aiden con una sonrisa encantadora en los labios.
Pero para Tess, esa sonrisa no era nada reconfortante. Era inquietante. Luchó por mantener la compostura, evitando su mirada penetrante, aterrorizada de que pudiera ver a través de ella.
«Dra. Newman, esa fue la primera vez que nos vimos. ¿No cree que volver a visitar esos momentos es significativo?». El tono de Aiden era tranquilo, casi hipnótico, pero sacudía la frágil compostura de Tess.
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Internamente, Tess estaba al borde del pánico. Como cirujana, se enorgullecía de su fortaleza mental, pero las preguntas incisivas de Aiden estaban sacudiendo su determinación. Por un momento, pensó en inventarse una historia, pero una voz de precaución le advirtió que se mantuviera callada.
Cogió una copa de vino tinto y dio un gran sorbo, aprovechando el momento para disimular su inquietud. Luego, con una leve sonrisa de decepción, dijo: «Parece que te has equivocado. ¿Creías que te había invitado a cenar para acercarme a ti?».
Los dedos de Aiden golpearon ligeramente la mesa, con un sonido agudo y deliberado, interrumpiendo sus palabras. Los ojos de Tess se fijaron en sus dedos bien definidos. El movimiento sencillo y casual le causó una extraña sensación, pero la imponente presencia del hombre que tenía delante borró rápidamente cualquier pensamiento disperso.
«Dra. Newman, ¿de verdad lo ha olvidado? ¿O es que la persona a la que salvó entonces no era yo?».
Tess se levantó bruscamente, con los ojos fijos en Aiden, incrédula. «Así que, todo este tiempo, has dudado de que fuera yo quien te salvó, ¿verdad?».
Aiden la miró en silencio, con una expresión indescifrable.
—Está bien, me voy —dijo Tess secamente, dando media vuelta. Su voz se volvió gélida—. Supongamos que la persona que te salvó no fui yo.
Este movimiento, dar un paso atrás para atraer a alguien, era una táctica clásica sacada directamente de las novelas románticas.
Pero había algo en Aiden que la hacía sentir diferente. No era como los típicos directores ejecutivos dominantes sobre los que Tess había leído. Su compostura era inquietante y su mirada, firme de principio a fin, no mostraba ningún rastro de calidez. No era la forma en que se miraba a alguien que le había salvado la vida.
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